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APUNTES

Cuidado, vienen virus

A Pablo Casado le crecen los enanos, como suele decirse. Casi a la vez que le escribía una carta de 'estado de alerta' personal a los partidos populares europeos dudando de la salud de la democracia española, a la que veía escorada hacia el autoritarismo por la gestión de la pandemia, va y resulta que muchos países experimentan rebrotes y han tenido que decretar nuevos confinamientos por la vía imperativa y urgente.

Alemania ha actuado con rapidez y diligencia y se ha confinado a casi medio millón de personas en Renania del Norte- Westfalia por el contagio de un millar de trabajadores de una fábrica de carnes con una plantilla de casi siete mil. Portugal también ha adoptado una medida similar: el gobierno ha ordenado confinar a la población de la Gran Lisboa: más de tres millones de habitantes. A estos brotes no se les puede ni dar un periodo de gracia ni actuar con mortal lentitud. La rapidez y las medidas drásticas son factores clave para el éxito epidemiológico de la respuesta. En España se han producido alrededor de cuarenta 'recidivas', pero de momento controlables: el más grave es el de unos 90 positivos en un centro de acogida de Málaga.

Frente a la responsabilidad de los gobiernos europeos - con la excepción del británico de Boris Johnson, cuya demagogia le ha pasado una factura mortal- destaca la irresponsabilidad temeraria y criminal en sus consecuencias de Donald Trump en EE UU, Jair Bolsonaro, en Brasil, López Obrador, en México? etc. Los negacionistas han convertido a sus países en referencias mundiales de frivolidad política y mal proceder. Estados Unidos ha pasado la barrera de los 120.000 fallecidos mientras su presidente sigue jugando a la ruleta rusa modalidad revólver.

Volviendo a España, pero con validez general, lo primero es que la vigilancia detecte los fallos del sistema de prevención; y que éste no tenga ninguna rendija por la que se cuele el coronavirus? al menos hasta que existan stocks suficientes de medicamentos para la enfermedad y vacunas efectivas.

Mientras aún no ha desaparecido el peligro, y nuevos casos se suman a las estadísticas, aparecen los primeros y los segundos síntomas de ese alto riesgo de la 'despreocupación social' de la que hablaba muy preocupado hace semanas el consejero Julio Pérez. LA PROVINCIA publicaba el pasado miércoles una foto de la playa de Las Canteras en la que se veía a dos policías autonómicas pateando la arena, bien pegaditas, y sin mascarilla. Esto es un serio fallo: ¿cómo van a pedir a la gente que cumpla con las normas si ellas las ignoran?

Puede argumentarse que se trata de un lugar abierto, pero no es suficiente razón: el ejemplo es un intangible necesario que siempre ha de acompañar a la autoridad y a sus agentes. El día siguiente, en el Centro, eran dos los policías locales que ni dentro ni fuera del coche patrulla llevaban los elementos protectores.

Naturalmente, este descuido se multiplica por cientos o por miles en las calles. A falta de un mínimo control y hasta de un apercibimiento educativo en la vía pública, se va generalizando una especie de resistencia pasiva como si la Covid ya fuera cosa de otros.

Y sin embargo los expertos de salud pública insisten no solamente en no bajar la guardia, sino en aumentar los guardias. Reclaman que el gobierno - el único que puede afrontar este gasto y esta organización- ponga en marcha un amplio dispositivo con vigilantes o asesores de un plan de empleo especial para explicar durante los próximos meses a los usuarios de las playas, o de los montes, o de los paseos atestados, las normas elementales y obligadas de comportamiento en tiempos de pandemia.

En Canarias esto tiene una importancia crucial; pero 'estadísticamente' no lo parece. Si el virus rebrota con cierta fuerza y se descontrolan los casos y vuelven a llenarse las UCI, puede ser el mazazo definitivo para el turismo. La verdad es que el problema es complejo: si no vuelven los turistas, se hunde la economía; pero si vuelven puede colarse algún contagiado que vuelva a ser un foco piramidal. Los aeropuertos son la puerta de entrada tanto de los sanos como de enfermos invisibles; pero un exceso de controles podría generar una imagen de riesgo presente, y una sensación de temor y agobio que disuada a los visitantes. Este sector es muy voluble.

Si, como aseguran los empresarios, un solo y humilde euro de una tasa ecológica, con el que se puede comprar una chocolatina y poco más, los puede disuadir y hacer huir hacia otros destinos, los métodos de prevención sanitaria deben ser lo más discretos pero también lo más eficaces posible.

El secreto está en la gente. En la autoprotección 'incentivada'. En el propio interés de cada cual. Y en la certeza realista de que aún quedan muchas curvas peligrosas en la carretera. Así que cuidado, que vienen virus.

El secreto está en la gente. En la autoprotección incentivada. En el propio interés de cada cual. Y en la certeza realista de que aún quedan muchas curvas peligrosas en la carretera. Así que cuidado, que vienen virus.

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