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AZUL ATLÁNTICO

Vectores y vacunas

Lo ha dicho el consejero de Sanidad del Gobierno de Canarias. Blas Trujillo ha sido sincero y se ha expresado con claridad. "Hay tres vectores que pueden generar un posible brote y que, además, se van a dar. En Canarias los vectores por los que pueden suceder son, fundamentalmente, la inmigración y el turismo". Son sus primeras palabras como responsable de la sanidad de las Islas en la más dramática crisis sanitaria conocida por las generaciones que la sufren.

Hasta ahora las crisis migratorias a las que ha respondido el Archipiélago se han afrontado de forma mayoritaria como problema social, económico o de seguridad, pero en este momento se enfrenta a una nueva dimensión: la de la salud pública. Aunque ya experimentada con otras epidemias que cruzan del continente africano, nunca con las dimensiones universales de la Covid-19.

No debería extrañar ni sorprender este riesgo al contagio por el desplazamiento de poblaciones humanas. La historia de las migraciones ha supuesto la entrada de enfermedades de otros países mucho antes de que Colón llegase a América.

Es una realidad, conocida y triste, que las condiciones sanitarias de la mayor parte de los países africanos son lamentables. Europa ha erradicado y controlado enfermedades que siguen causando verdaderos estragos en los países del continente vecino.

El número de migrantes llegados a las Islas, el modo de atenderlos y vigilar su estado de salud, supone un desafío añadido a los derivados de la pandemia en la sociedad y en la economía canarias. Una vez más, nadie quiere cerca campamentos con migrantes en cuarentena. En 2006 el Sindicato Unificado de Policía (SUP) denunciaba las condiciones de acogida en las que un funcionario policial se había contagiado de tifus en Tenerife. Visto hoy aquello fue una anécdota. A diferencia de entonces, con la denuncia de un caso individual, la enfermedad que llega hoy por puertos, aeropuertos y a las costas en pateras y cayucos tiene un considerable impacto en términos de salud pública.

Lejos de un planteamiento común y de cooperación ante esta emergencia, la respuesta de los países, ricos y pobres, ha sido la de parapetarse detrás de sus fronteras. Y esa, sin más cooperación internacional, a la larga, ya se sabe, ante una amenaza global, acaba siendo una tragedia de enormes dimensiones. Contra la insolidaridad y la indiferencia, no hay vacunas.

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