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Elizabeth López Caballero

EL LÁPIZ DE LA LUNA

Elizabeth López Caballero

Justificar lo innecesario

Estoy despistada. Perdónenme ustedes la falta de entendimiento pero no consigo ubicarme. El pasado miércoles el cantante Pablo Alborán publicó un vídeo en sus redes confesando que es homosexual y que lo hacía público "porque necesitaba ser un poco más feliz de lo que ya era". El vídeo tuvo millones de visitas. Diferentes medios de comunicación -si no todos- se hicieron eco de la noticia. Actores, músicos y escritores le enviaron mensajes de felicitación a través de sus redes. Hasta Andreu Buenafuente le dedicó su programa. Y dispénsenme la mala leche pero solo falta que Netflix anuncie una serie. Todo ello por hacer oficial su condición sexual. ¡Ojo! Que le honra porque al ser un personaje conocido, esa revelación le allana el camino a los que tienen que lidiar día a día con su sexualidad en una sociedad hipócrita y homófoba que acepta según qué cosas de según quién vengan. Pero sinceramente, esas muestras de afecto y admiración por sus declaraciones se me antojaron casposas. Para normalizar las cosas lo primero es actuar con normalidad. En el momento en el que se busca la aprobación del otro, la normalidad deja de estar presente. Se justifica lo "anormal". Se busca beneplácito de lo que se considera "malo" pero ¿de ser homosexual? ¿En un país que ha legalizado el matrimonio entre dos personas del mismo sexo? No creo que sea España el lugar donde más represión haya. Cavernícolas los hay, como en todos lados, pero considero que se goza de mucha libertad para amar a alguien de tu mismo sexo, del contrario o de género fluido, si nos ponemos exquisitos.

La lucha contra el racismo lleva años peleándose en las calles y, aún a día de hoy, los negros siguen siendo marginados y asesinados por los blancos. El caso más reciente y doloroso fue la muerte de George Floyd y, sin embargo, seguimos lidiando con ello. No me imagino, por poner un ejemplo, a Rihanna saliendo en su Instagram a confesar que es negra y necesita decirlo "para ser un poco más feliz". Es negra y punto, al igual que Alborán es homosexual y, como él mismo dijo: "No pasa nada, la vida sigue". Seguirá habiendo racistas y seguirá habiendo homófobos porque, a pesar de la educación en valores, de la concienciación y de la solidaridad, los prejuicios siguen alimentándonos. Porque se sigue educando igual y porque lo desconocido da miedo. Pero también creo que mientras sigamos viendo el color de piel o la inclinación sexual como un hecho que deba justificarse seguiremos obligando a los negros y a los homosexuales a confesarse, cual niño que hace una travesura y teme la reprimenda de su madre. Con esto no estoy criticando la valentía del cantante, ni mucho menos. Pero me apena que se considere una declaración de este tipo como un hecho heroico. Creo que verdaderamente habremos avanzado cuando no haya que "confesar" este tipo de cosas sino normalizarlas sin más.

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