Los nuevos tiempos del coronavirus plantean retos cada vez más complejos para la sociedad.

De la misma manera que antiguamente uno de los objetivos educativos más básicos era combatir y minimizar el analfabetismo entre la ciudadanía, actualmente nos encontramos con el problema del ciberanalfabetismo, es decir, personas que tienen dificultades importantes para vivir en un mundo cada día más informatizado.

El acceso a las nuevas tecnologías es fundamental para la inclusión social y la integración laboral. Por eso, cuando desde la ejecución de una medida judicial detectamos graves problemas familiares de toda índole, que afectan fundamentalmente a los más jóvenes, en interés superior de los menores, los Juzgados de Menores y equipos técnicos, nos esforzamos por encontrar y porque se impulsen, programas formativos y educativos para puedan corregir los déficits detectados.

Pero ello no es fácil, se hace necesario que Administraciones públicas y entidades privadas apuesten e inviertan de forma determinante en que todos los ciudadanos y las ciudadanas, sean de la edad que sean, puedan disfrutar de los servicios y las oportunidades que ofrece la tecnología.

Por otro lado, de todo experto en educación y en psicología que se precie se ha destacado siempre el contenido reeducativo e integrador del juego.

Jugar nos hace poderosos y jugar juntos, más.

Uniendo esta máxima a la importancia y presencia en nuestras vidas de las nuevas tecnologías, el poder del videojuego para dar visibilidad a realidades menos conocidas o, por ejemplo, poner de manifiesto que cuando jugamos, todos somos iguales, hace que el hecho de la integración real no sea sólo un buen deseo o falacia.

Esta posibilidad la ofrecen de una forma sana y educativa los deportes electrónicos. Ofrecen la herramienta para que se relacionen, comuniquen, aprendan y jueguen personas que de otro modo no lo harían entre sí,o simplemente, no podrían competir.

Por ejemplo, la competición ofrece la posibilidad a personas con discapacidad intelectual de sumarse al auge de los eSports por medio de un torneo por parejas. Y es maravilloso ver cómo todos los que participan disfrutan y crean vínculos mientras están jugando sin importar su bagaje o sus aptitudes.

La competición ayuda a crear sólidos vínculos de amistad entre las parejas (un miembro con discapacidad o un menor interno en un centro de internamiento) y ayuda a los discapacitados y jóvenes en situación de marginalidad o vulnerabilidad a aumentar su autoestima al participar en una actividad en igualdad de condiciones.

La acogida de esta idea ha calado en algunas administraciones, como el ayuntamiento de Arucas, con su Campus de Verano eSport, abierto a la asociación Up2uproject, depende de ti que presido, permitiendo a muchos niños y niñas en situación vulnerable jugar y competir con otros en condiciones de igualdad

Con iniciativas como esta se demostrará que el videojuego es "mucho más que entretenimiento", y puede ir siempre un paso más allá y fomentar otros valores, además de convertirse en una útil herramienta de aprendi-zaje.