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REFLEXIÓN

Con chanclas y a lo loco

El pasado fin de semana tuve la ocasión de disfrutar de algunos días de descanso en una de las mejores playas de nuestra provincia. El sol y el mar resultan ser una combinación perfecta para la mayoría de los canarios. Un tercer ingrediente que es infalible para desconectar verdaderamente tiene que ver con "pillar una mesa" en una terraza al fresco y picar algo con los amigos o la familia.

Bueno, desde una de estas terrazas pude comprobar atónita como efectivamente muchos han cambiado literalmente la mascarilla por las chanclas. Atrás queda un vago recuerdo de los meses de confinamiento, la desescalada y las cifras de fallecidos y afectados por el Covid.

Hoy, aún desde un escenario algo más esperanzador al menos en Canarias, tengo la impresión que quizá nos hemos relajado demasiado. En las playas, las mesas se llenan de turistas y canarios que normalmente hacen uso de la mascarilla tan solo para acceder al interior de los restaurantes cuando la vejiga da la señal de aviso. Mientras, la mascarilla se utiliza como bufanda y si el calor aprieta, incluso como una improvisada muñequera.

Es cierto que las vacaciones y la anhelada vuelta a la normalidad han facilitado el "subidón" y la población en general se muestra eufórica. Ni rastro de aquellas miradas con cierto temor o de la consabida distancia de seguridad. Esta nueva normalidad ha supuesto la llegada de la esperada libertad. Sin embargo, entiendo que esta libertad implica un mínimo de responsabilidad social; evidentemente no debemos olvidar a nuestros mayores, a las personas más vulnerables y a todas aquellas personas a las que la pandemia no les ofreció una segunda oportunidad.

Meses atrás, multitud de protestas se hacían eco entre los ciudadanos culpabilizando al gobierno o a las diversas instituciones de la terrible situación que golpeaba duramente al país. Pero también, meses atrás usábamos la mascarilla de forma rigurosa y seguíamos a pie juntillas las recomendaciones sanitarias para intentar esquivar el virus. Pienso que es necesario reflexionar y proceder desde la coherencia. Realmente ahora más que nunca, queda todo "en nuestras manos y en nuestra boca", por lo que personalmente no me atrevería a decir que nos encontramos en fase de normalidad, ya que al parecer puede llevar a confusión. Más bien, la denominaría como "fase de la sensatez".

No estamos ante una comedia como aquella de Billy Wilder en "Con faldas y a lo loco", esta película desafortunadamente tiene categoría de drama y solo espero que "el fenómeno chancla" no borre de nuestra memoria las escenas tan trágicas que miles de familias canarias han protagonizado sin tan siquiera presentarse al casting.

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