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Reflexión

El extraterrestre del changurro

No sé cómo sería la realidad para un ser llegado de otro mundo. Y, de ahí, que se insista en que la filosofía es una visión diferente de nuestra propia existencia. Y, recientemente, lo ha repetido Markus Gabriel, en Por qué el mundo no existe, ya que los filósofos son como "los extraterrestres o los niños", ya que observan lo que a los demás se les pasa por alto. Por esta razón, la filosofía es una tarea poco agradecida, a veces amarga, pero siempre necesaria como el aire o el mismo humor. De hecho, los mejores cómicos son, a su vez, los mejores pensadores, y, si no, repárese en la figura de Woody Allen o, en el más singular de cuantos ha habido, Groucho Marx. Desde luego, si un alienígena de viscosa apariencia y un tamaño más que considerable entrase en un local de comidas y pidiese un "changurro de temporada", la conversación sería digna de escuchar.

- Buenas tardes, señor. ¿Cómo desea el changurro?

- No lo sé. ¿Qué es un changurro?

- Por favor, discúlpeme. Un changurro es un centollo, marisco de primera. Se lo recomiendo, y más el que hacemos en la casa.

- ¿Un centollo?

- Un bicho con patas muy largas y exqui- sitas.

El maître quizás no se había dado cuenta del individuo que tenía delante, tal vez guiado por una excesiva discreción. Jamás fijaba la atención en el cliente más allá de lo que marca la cortesía. Pero, esta vez lo hizo y comprobó que la viscosidad del extraterrestre culminaba en un número indeterminado de pedúnculos. Y así el diálogo vino a terminar en un asombro compartido, en la clamorosa evidencia de que las cosas son y no son. De manera que tan inmersos estamos en el mundo, en nuestro mundo, que llegamos a ignorar la sola posibilidad de otros, en ocasiones contrapuestos al que vivimos. Tal es lo que acontece con un extraterrestre bastante peculiar, un tal Monedero, y su señor, el Centollo de Galapagar, un magnífico ejemplar de la sierra madrileña. Ambos, el alienígena de los espejuelos y el Egregio Crustáceo, han encontrado una nueva realidad. Un mundo en el que la libertad es la ausencia de sí misma. El antiguo colaborador bananero llegó incluso a columbrar que hay que "delegar la libertad", como si lo que es de uno, por necesidad hubiera de ser de todos. Este es el mundo en que desean que habitemos las viscosidades de Podemos, una realidad alterada y por completo ajena a la dimensión humana. Nuestro amigo, el comensal venido de una lejana galaxia, tras conocer la esencia del changurro, desistió de su primera elección, pero dudo muchísimo que suceda algo parecido con los entes podemitas, capaces de canibalizar su libertad y la de los demás. Para esto sirve la filosofía, para poner las cosas en su sitio y dejar al descubierto los sinsentidos.

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