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Tropezones

Acoso al idioma

En el idioma rige un principio de economía, con el que se da de bruces la reciente tendencia a despreciar el plural genérico: ello se traduce en el cansino "trabajadores y trabajadoras" o el "todos y todas", que por motivos ideológicos ya está derivando en el "todas y todos".

Pero se da otro fenómeno, del que creo haberme lamentado ya en reseñas anteriores. Este no tiene aparentes raíces ideológicas, sino unos orígenes más propios de un esnobismo culturalista. Es la manía de alargar las palabras, convirtiéndolas encima en un vocablo pseudo nuevo y redundante. Son palabras como "rigor" de las que se aprovecha el adjetivo "riguroso" para, abracadabra, inventarse la "rigurosidad", mucho más ampulosa y engañosamente culta que la madre que la parió, nunca mejor dicho. O la totalmente innecesaria metamorfosis de "intención" alongada como un chicle hasta la "intencionalidad". Hagan la prueba con otros términos, por ejemplo "peligro" convertida por este nefasto efecto acordeón en "peligrosidad", de sentido indistinguible del original. Y por favor, que este toque de alarma no caiga en saco roto. Hagan campaña queridos, para evitar la intrusión de futuros palabros como "miedosidad", "respetuosidad" o qué sé yo...

Antiguamente les debíamos sobre todo a las reseñas deportivas innovaciones lingüísticas para enriquecer o duplicar palabras, se supone que para evitar la monotonía de las transmi- siones radiofónicas, convirtiendo por ejemplo el balón en "esférico" o el árbitro en "trencilla"

También les tocaba a los plumíferos del fútbol inventarse términos para nuevos lances del deporte, como "el caño", el "sombrero" o "ganarle la espalda al contrario", a lo que tendremos que resignarnos, por lo menos en aquellas piruetas futboleras que por su novedad sean merecedoras de un nuevo término. Como lo son por ejemplo palabras de nuevo cuño en el campo de la tecnología, tan fértil en nuevos conceptos, encima nacidos en otros idiomas.

En la actualidad es el idioma politiqués el que con sus primicias idiomáticas pretende renovar y dar esplendor a la lengua, con aportaciones como la "desescalada" u originales acepciones de palabras existentes como en el caso de la "cogobernanza". Por no mencionar las abundantes aportaciones de oximorones, como la "discriminación positiva" o la "nueva normalidad".

Y ya con la carrerilla de las jeremiadas anteriores, quisiera denunciar la "sublimación" del lenguaje, que no viene a ser sino una "cursificación" del mismo, embelleciendo algunos términos hasta convertirlos en exquisitos eufemismos, cada vez más alejados de la descarnada realidad.

¿Qué me dicen de los "ecoparques"? No se trata de hermosos y frondosos jardines eco- lógicos: son simplemente nauseabundas estaciones de triaje de vulgares vertederos.

Por no hablar de los sugerentes "puntos limpios". Cualquiera que haya visitado alguno de ellos, con el "prereciclaje" de basura en el antepatio, a cargo de voluntariosos carroñeros sabe perfectamente que el mejor calificativo que le cuadra a dichos sitios es sin duda el de "puntos sucios".

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