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ESCRITOS ANTIVÍRICOS

El escritor canario

Al liberado a medias se le acaba de ocurrir un título: "El escritor canario". Quiere escribir un escrito antivírico y tiene la esperanza de que al tirar de ese título, palabra a palabra, frase a frase, párrafo a párrafo, conseguirá su objetivo. El liberado a medias tiene fe en él, lo considera un título prometedor, que puede dar para un largo y sesudo artículo académico, incluso para una monografía y para una tesis doctoral, así que ¿cómo no va a dar para una humilde tirajala periodística?

El liberado a medias cree que "El escritor canario" ofrece ricas y variadas vertientes por las que extender su pluma. Para empezar, ese título da por sentado que existe una realidad a la que se puede llamar "escritor canario", una suerte de ente abstracto capaz de dar cuenta satisfactoria de todos y cada uno de los escritores de las islas. Pero tal es la variopinta fauna de los escritores canarios que al liberado a medias le resulta imposible definir esa entelequia de manera apropiada. Reducir las singularidades y ricos detalles de los escritores isleños a la escueta definición de "escritor nacido en las Islas Canarias" parece resolver el problema, pero esa definición es un espejismo, no es justa ni certera, pues habrá algún escritor que, al día siguiente de nacer en Barcelona, o en Caracas, o en Nueva York, se vino a Las Palmas de Gran Canaria y, en consecuencia, será escritor canario, si bien no nacido en Canarias.

"Que escribe en Canarias" es otra opción. Pero es opción desacertada. Escribir en Canarias puede escribir cualquiera, y no necesariamente en español, sino incluso en chino o finlandés, así que el liberado a medias desecha enseguida esa definición de "El escritor canario". "El que siente su origen archipielágico" es otra posibilidad. Pero esta opción resulta, en un mundo globalizado, parcial, pues deja fuera a quienes son de origen macaronésico pero lo tienen tamizado de pedagogía germanófila, o anglófila, o francófona, y, también, a quienes son capaces de expresar su sentir isleño en lengua diferente a la española, aunque sean dos o tres. Un campo el del sentimiento del origen, piensa el liberado a medias, minado, pues en él se mezcla el rico mestizaje con la pérfida colonización, una maraña compleja en la que se enredan los hijos engendrados por gomeros y jipis centroeuropeos en la época dorada de la psicodelia con los canarios de origen hindú, senegalés, coreano, filipino, japonés, noruego, argelino, alemán, o inglés de tercera y cuarta generación. Además, y aunque de soslayo, podría traerse a colación que alguien nacido en el continente que sea un bicho raro podrá sentirse como una isla atlántica flotando en la meseta castellana, en los Alpes suizos, en Vic o en la montaña vascuence.

Como le parece imposible definir "El escritor canario" siguiendo el método deductivo, piensa el liberado a medias que tal vez la opción B, la inductiva, pueda ser más exitosa: lanzar una teoría de "El escritor canario" y definirlo con la intención de darle vida, hacerlo popular y sentar cátedra. "El escritor canario" sería una hipótesis con el objetivo de alcanzar el éxito que otras hipótesis han alcanzado: "la condición insular", "el espíritu nacional", "la psicología del hombre canario". Aunque de mala fe, al liberado a medias le resulta graciosa la imagen de los "plátanos que caminan" para definir a los habitantes de Las Palmas de Gran Canaria, de Alonso Quesada; no obstante, considera mucho más digna para un escritor canario la imagen de "el hombre en función del paisaje" de García Cabrera.

Al liberado a medias le interesan esas entelequias de la escritura y la canariedad pero no tiene fe en ellas. "El escritor canario" podría no existir, entre otras cosas porque la identidad es un fenómeno cambiante antes que un mamotreto pétreo que se sostiene eternamente. Pero por ahí no quiere continuar, no quiere el liberado a medias caer en el campo psicoanalítico ni tampoco en las tierras resbaladizas del queer o de la deconstrucción más radical. Tampoco está por la labor de adentrarse en la corrección política ni demorarse en discusiones sobre si ése es un título machista y sesgado. ¿Habría que titular "El escritor y la escritora canarios"? Si se considera que el adjetivo plural de esta opción va en masculino habría que corregir y titular "El escritor canario y la escritora canaria", o tal vez, "Los escritores canarios y las escritoras canarias". El liberado a medias, declaradamente a favor del lenguaje inclusivo, no quiere seguir por ahí, si bien ese camino va poco a poco ganando la batalla a la cordura, tal vez, ha de reconocer, para imponer una nueva cordura.

El liberado a medias comienza a cansarse. No consigue definir "El escritor canario" de manera que ese título dé cuenta de todos y cada uno de los escritores canarios: los escritores a quienes gustaría escribir pero no escriben, los que escriben pero no consiguen publicar, los que publican pero mejor sería que no lo hubiesen hecho, los que escriben por placer, los que lo hacen y no saben por qué, los vocacionales, los que tienen en muy alta estima el dominio del lenguaje para adentrarse en los complejos asuntos de la vida, los que se reúnen en clubs y forman la mafia de "los escritores canarios" y aquéllos a los que esas mafias interesan sólo como fenómeno sociológico. Eso sí, con este apunte final, el liberado a medias considera que el título "El escritor canario" ha cumplido su cometido, pues ha tirado de él palabra a palabra, frase a frase, párrafo a párrafo: ha conseguido alcanzar la dimensión de una tirajala periodística y dar por terminado su escrito antivírico.

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