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DESDE LA ARENA

Marcar tendencia

No hacía falta esperar un año para constatar que Cayetana Álvarez de Toledo era, antes que cualquier otra cosa, portavoz de sí misma, la justificación del PP para desalojarla ahora. La primera exigencia que pesa sobre cualquier portavoz es callarse todo aquello que está más allá de la posición de la entidad a la que representa. En el caso de Álvarez de Toledo esa elemental imposición del cargo choca con su convicción de encontrarse muy por encima de quienes delegaron en ella el cometido de mantener una voz única en el Congreso. La barbilla enhiesta de Cayetana se convirtió en el reflejo gestual de esa superioridad, que es sobre todo intelectual, pero también, por extensión platónica, moral, lo que le confiere los necesarios atributos para gobernar a los demás. La designación personal de alguien con perfil tan poco idóneo para la portavocía fue una de las particulares formas de Casado de marcar el territorio de su liderazgo, una urgencia en demostrar quién manda de la que deriva toda una sucesión de fracasos. Desde el principio, Álvarez de Toledo desbordó la encomienda del presidente del PP en su empeño por marcar tendencia. En ocasiones, ese empecinamiento resultó muy útil a quien era "su presidente" antes de quedar reducido al "señor Casado", como el bombardeo de reproches de la portavoz a los populares vascos, previo a la decisión de desmochar la candidatura de Alfonso Alonso en las elecciones autonómicas. El resultado lo sabemos desde la noche del 12 de julio, con la confirmación de que la apuesta de Iturgaiz era fallida frente a un incontestable triunfo de Feijóo. Ahí comenzó a gestarse la caída de Álvarez de Toledo y lo que viene después es la materialización de un final ya escrito de antemano. Pero la rectificación de Casado tiene mayor calado: confirma también su erróneo empeño de aprovechar la crisis sanitaria como ventana de oportunidad para desalojar la Gobierno. La forma más peligrosa de agudizar las disensiones en el seno de la coalición consiste ahora en mostrar disposición a negociar unos presupuestos de consenso que permitan exprimir al máximo los fondos europeos contra la pandemia. Ese cambio de estrategia sería un indicio de inteligencia política y de que Casado comienza a desprenderse de la estricta tutela del aznarismo.

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