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OBSERVATORIO

Gamificando Ciudades Inteligentes

La tecnología vinculada al juego ha sido mirada tradicionalmente con cautela. Se ha asumido demasiado el enunciado de "actividad sedentaria" a una mezcla que, en realidad, ofrece unas interesantes posibilidades de evolución y crecimiento en las dos direcciones. Desde el concepto lúdico hacia lo tecnológico y viceversa. Hoy, este horizonte es más amplio que nunca. Y seguirá creciendo, en un imparable nuevo Renacimiento.

En recientes estudios, investigadores académicos integran una visión positiva de esta unión. Y definen nuevos estilos de vida activos que incorporan un uso positivo de la tecnología, potencian la participación y las interacciones del usuario. En este sentido han apuntado diferentes plataformas de (PS, VR, Oculus Quest?). Tenemos el ejemplo del Hado, que combina realidad aumentada con sensores y movimientos corporales para potenciar la inmersión y promover la actividad física en el juego. He aquí un deporte puramente digital, en el que los jugadores no paran de moverse.

Pero la experiencia activa del juego tecnológico no es exclusiva de las consolas. La actividad física en el exterior también es susceptible de beneficiarse de la tecnología. Progresivamente, aparecen zonas urbanas como espacios gamificados que se benefician de estos aspectos transformadores: acoplan lo físico y lo virtual con objetivos lúdicos. Entornos abiertos como el de Ingress Prime promueven la participación activa de sus jugadores lanzando retos, estrategias de defensa y ataque, y construcción en realidad aumentada. Se mezclan capas físicas y virtuales de interacción.

Videojuegos como Pokemon Go o Harry Potter Wizards Unite, a su vez, han saltado hacia dispositivos móviles para generar competiciones espaciales que incluyen el uso de la perspectiva, acercamientos y alejamientos, la localización de hitos visuales y el empleo de interfaces ubicuas que soportan la experiencia inmersiva. No es ciencia ficción: es el presente.

El principio de gamificación continúa con su evolución, y desde los espacios púbicos se adaptan hacia las ciudades inteligentes, incorporando actividades físicas y recreativas en la rutina digital cotidiana. Al usuario se le ofrece una capa virtual con posibilidades interactivas aumentadas. Es el caso de los gimnasios o los parques virtuales, los espacios para transeúntes gamificados o las pistas de ciclismo que incorporan capas de AR.

La gamificación en la ciudad tiene como objetivo promover un estilo de vida saludable a nivel físico, mental y social. Su desarrollo permite lograr vinculaciones ambientales, promover la dinamización social e integrar soluciones urbanas a este despliegue virtual. Se produce una conexión esencial con la experiencia humana, asegurando que los ciudadanos se beneficien de estas interacciones mejoradas. Y que la metrópoli resulte enriquecida con la participación activa de sus habitantes. Aspecto que defino como una 'vida digital activa'.

La gamificación urbana, así como los juegos digitales, emplean enfoques similares a juegos tradicionales para resolver problemas. Su objetivo sigue siendo crear mejores experiencias que involucren interacciones en entornos físicos aumentados o virtuales.

Este conjunto de experiencias urbanas tecnológicas pueden incluir dinámicas como la ludificación o la utilización espacial híbrida de experiencias orientadas a desafíos y sesiones de motivación utilizando elementos de juego. El núcleo central de la gamificación es la experiencia. En el nudo central no solo rigen reglas fijas para ganar o perder, sino acciones de "jugar primero", junto con los objetivos que el evento o la actividad oferta.

El potencial de las tecnologías digitales es hoy evidente, mas aún con la realidad de la Covid19 que se impone en la vida de las personas y en su ecosistema social. La clave está en la manera de usarlas. La pandemia actual nos lleva a alterar nuestro espacio urbano: y necesitamos construir una ciudad más sabia, que facilite un espacio público en positivo, con la tecnología como un recurso transformador. Caminamos hacia un modelo híbrido entre lo físico y lo virtual.

La educación, el turismo, la economía, el área de la salud y el propio ocio deberán asumir las tres R para una verdadera transformación digital: Repensar, Reimaginar y Resetear nuestra propia realidad para salir de una zona de confort sin futuro. No hablamos de matar lo analógico, lo tradicional. Antes teníamos un teléfono de disco y hoy está el smartphone: pero seguimos usando teléfonos fijos cuando es necesario. Nos comunicamos con el e-mail, pero continuamos con un buzón en la entrada de casa. Tendremos que estar preparados para aprovechar el valor añadido que encontremos en lo digital.

Mirar el futuro es entender el presente. Las Smart Cities serán de verdad inteligentes cuando usen la tecnología para mejorar la vida de los ciudadanos. No se trata sólo de vender o comprar tecnología. Hemos estado aislados en la cuarentena pero, a la vez, más hiper-conectados que nunca. De ahí la necesidad de saber usar correctamente las soluciones tecnológicas. Las ciudades inteligentes deberán centrarse en las personas, siendo la tecnología un recurso que mejora la vida en ella proyectando su espacio físico. Como dijo William Gibson, el visionario autor de Ciencia Ficción que anticipó internet o la realidad virtual antes de su eclosión: "El futuro ya está aquí, sólo que desigualmente repartido"

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