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CARTAS A GREGORIO

Manuel Ojeda

Periodista

La normalización de la violencia

Querido amigo, antes no podía ver un combate de boxeo en la televisión porque me parecía un espectáculo de una brutalidad inadmisible, y no te digo ya lo que llaman Kickboxing donde, además de piñazos, se permiten patadas en la cabeza, rodillazos en las costillas o codazos en la cara.

Las peleas pueden ser entre hombres o entre mujeres, y en todas van dejando un reguero de sangre sobre el suelo del cuadrilátero o en el de la jaula del Kickboxing.

Sin embargo, cualquiera de esas prácticas salvajes, no me parecen ahora tan violentas como la realidad.

Al menos los luchadores se saludan al final del combate, y el perdedor tiene la nobleza de levantar el brazo del vencedor en reconocimiento de su victoria.

¿Te imaginas, Gregorio, que, después de unas elecciones generales, el representante del partido perdedor levantara el brazo del ganador? Para nada, generalmente lo felicita de forma protocolaria e inmediatamente le acusa de amaño y de fraude electoral.

Llevo meses sin ver las noticias en televisión, prefiero ver las series policíacas americanas, aunque las repitan veinte veces. Más repetitivas me parecen las noticias sobre la maldita pandemia.

Ya vemos con normalidad que estalle una bomba en Beirut y mate a más de ciento cincuenta personas además de dejar gravemente heridos a miles de ciudadanos inocentes.

La violencia ha sido siempre un medio usado por los pueblos y los gobiernos de todo el mundo para lograr objetivos políticos, e incluso se contempla su uso en los derechos del hombre reconocidos, por ejemplo, en la Constitución Francesa o en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de 1776.

Antes del comienzo de la Guerra Civil Española, se calificó de violencia la actitud del Gobierno Republicano por la no intervención ante los ataques a la iglesia, y ya en el siglo XIII se justificaba el levantamiento popular contra gobiernos considerados tiránicos, o en el siglo XVI, que Maquiavelo justificó el realizar un mal menor para evitar un mal mayor como razón de estado.

Todo se puede justificar con tal de coger la sartén por el mango y después, como decía Calderón, los vencedores en las batallas son considerados leales, mientras los vencidos son tratados de traidores.

Durante el periodo de la Restauración borbónica, en España se asentó el método del pucherazo, un sistema que permitía la alternancia pactada entre el Partido Liberal y el Partido Conservador. Es decir, el turnismo, que consistía entre otras cosas, en guardar (muchas veces en los pucheros) las papeletas de votación que luego se añadían o se sustraían de las urnas electorales según conveniencia, y también las votaciones con los llamados Lázaros (votos de fallecidos que resucitaban para votar)

La manipulación es también una forma de violencia, Gregorio. Habría que echar al Psoe del Partido Socialista, a Podemos de la izquierda anticapitalista y a los borbones de la Monarquía, porque todos son igual de manipuladores.

Un abrazo, amigo, y hasta el martes que viene.

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