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Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

La pandemia fríe el seso

Hay alguna cuestión en este país que suscite un acuerdo, o que ese mismo desacuerdo entre las partes sea un estímulo para que prospere un acercamiento? Es horrible andar sobre una pandemia mortífera, y encima sufrir de manera permanente la floración de bandos, que aún no han llegado a las manos, pero todo se andará. Una fricción entre contrarios que aquí provoca una perplejidad espasmódica al observar que la práctica no solo afecta a fanáticos, sino también a mentes otrora lúcidas pero ahora deshilachadas: un ejemplo es el manifiesto juancarlista, firmado por toda una estirpe de ex que lucha bajo sus lámparas de lágrimas por separar la frenética vida privada del emérito de sus aportaciones a la transición. Difícil propósito frente a los engañados, para los que la confianza generacional agrietada y depositada en su persona está por encima de la presunción de inocencia. Pasamos por un momento trágico por la emergencia sanitaria que nos envuelve, pero también porque como sociedad nos cuesta dirimir entre el bien y el mal. ¿Hay qué hablar tanto de las opiniones lunáticas de Miguel Bosé, dando por hecho que están tan bien armadas como las de Fernando Simón? Tampoco entiendo que el cantante llamé a la rebeldía contra las normas establecidas por el Gobierno, y no vaya al día siguiente una unidad policial a detenerlo. Y es lamentable ver la cantidad de tiempo que se consume tratando de dilucidar si el artista ha perdido o no la cabeza, o está afectado por una crisis personal. Una influencia nefasta sobre tantos y tantos adolescentes y jóvenes que ven en su estado de confusión un acicate para abandonar la mascarilla. ¿Hasta cuándo va a durar esta payasada que juega con vidas humanas? Otro bando emergente (y en formato consolidación) se sustancia en el acoso personal a los dirigentes de Podemos, cada vez más enfocados a medida que se acerca la moción de Vox. Somos una de las pocas democracias que carece de recursos para disolver la presión que ejercen unos ulteraderechistas todos los días sobre la residencia de dos ministros, un hecho inaudito que empieza a oler mal dado el poco ímpetu policial y la indeterminación judicial al respecto. Pero ello no es óbice para que bajo la pandemia sea a tema de debate la corrección de estas algaradas por ser consustanciales a la libertad. Hay que echarse las manos a la cabeza y pensar, ojalá sea así, que la culpa de todo la tiene la pertinaz pandemia, que hace estragos en el seso.

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