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Javier Durán

RESETEANDO

Javier Durán

Periodista

En el filo de la navaja

Ha bastado una semana del ferragosto con los despachos oficiales a medio gas para desandar el camino andado con la Covid-19: el Archipiélago, sobre todo Gran Canaria, vuelve a estar al filo de la navaja, a milímetros de un confinamiento sectorial o total. No hay que buscar culpables, pero sí entonar la autocrítica, incluida la auditoría científica pertinente, para conocer dónde se ha fallado para llegar a los parámetros que hoy nos perturban. La secuencia es muy gráfica: hasta principios de mes nos ofrecíamos como espacio geográfico apetecible por la baja incidencia de la pandemia, casi una barrera atlántica frente a otros destinos turísticos castigados sin compasión y sometidos a medidas restrictivas. Lluís Serra. portavoz del comité científico que asesora al Gobierno regional, manifestaba ayer su asombro por el descontrol existente en las playas, donde no se ha implantado la vigilancia de aforos. Y la pregunta, dado el tono empleado, es hasta qué punto ha sido una recomendación de los expertos no aceptada por los gestores políticos. Sobre la incidencia del origen playero en el rebrote no hay duda: Guanarteme y La Isleta son ahora mismo los viveros predilectos del bichito. El Ayuntamiento aprobó ayer unas medidas muy secuenciales sobre dicho territorio, pero insuficientes a la vista de lo que también afirma el catedrático: si la tendencia no se modifica el confinamiento está a la vuelta de la esquina. La declaración institucional del presidente Sánchez certifica la invitación a las autonomías a que utilicen todos los medios disponibles para inclinar la curva, desde el estado de alarma a la colaboración de los militares para intensificar los rastreos e incidir en los controles contra los botellones o el descuido con la mascarilla. No hace falta nada más que darse una vuelta por los puntos de ocio para cerciorarse de que no se está cumpliendo la distancia social, y que los agentes para hacer frente a la debilidad natural de lanzarse a la calle son escasos, por no decir inexistentes. Canarias tarda en tensionar su sistema para afrontar la segunda ola de la pandemia, cuyo efecto se puede ver multiplicado con los desplazamientos por la operación retorno, la vuelta al maltrecho sector laboral y, por supuesto, el comienzo de las clases. Hay que retornar a marzo o abril, al convencimiento de que sólo con el sacrificio se iba doblegar al virus. Es imposible llevar a la economía a una segunda hibernación por calamitoso, pero cabe elevar el listón de las limitaciones, aunque la libertad sea erosionada.

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