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Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

Cayetana e Irene

Aunque los cayenatólogos, encabezados por el siempre sui generis Vargas Llosa, no han podido impedir el desprendimiento del aparato del PP de Cayetana Álvarez de Toledo, hay vidas, obras y palabras que mutan, no se sabe si para siempre o para ahora. La marquesa, en efecto, devolvía el partido a Aznar a través de Oxford con acento bonaerense: demasiada complejidad para llegar al poder. Esa ventisca, por lo pronto, ha sido expulsada, con lo que los populares pastan de nuevo en la ambigüedad. A los defensores de la exdirigente hay que darles la razón en lo de que la derecha y la intelectualidad, al menos en España, no mezclan. Ya se sabe el final de los falangistas poetas con el Franco que los absorbió, lo que les llevó a conspirar contra él a la búsqueda de algo diferente. Ni la entendían, ni les venía bien de cara a la flexibilidad del bambú. Su altanería de noble jirafa provoca escalofríos, pero reconozco que era lo más apetecible en el seno de un partido donde Casado está de paso. Pero a la izquierda/izquierda de Pedro Sánchez, en Podemos, también hay mutaciones, como que la ministra Irene Montero ha concedido una entrevista a una revista del corazón, en un signo preclaro de que alcanzar el cielo no es incompatible con los medios de producción capitalistas, incluso entre los especializados en difundir el rol de mujer objeto. Algo así pensaban en el partido de Pablo Iglesias hace unos años, bajo el estigma del entusiasmo del cambio social, indignados -algo más que ahora- con los mass media entregados a los vicios del mercado. En la etapa de Zapatero, la exvicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega promovió un posado de las ministras en otra publicación en torno a la moda y los cotilleos que cotizan. Cada uno puede irse por el lado que le parezca, pero con el líder sufriendo los ataques -también sus hijos y su vida privada- de los promotores del odio no parece, de entrada, una buena opción trabajarse un momento de frivolidad. Pero igual que se compró en gananciales -de la casa social a la residencia con cofia- un casoplón sin encomendarse a los efectos, ahora completa el círculo con un posado acorde con la residencia de marras. Cualquier resistencia que desaparezca es una desgracia: Cayetana resulta fumigada por heterodoxa, como lo hizo Menéndez Pelayo con Galdós, e Irene, de la generación de los jóvenes que tocan el poder, se deja acariciar por la fiebre cansina del rosa colorines. ¡Los radicales ya no son ni radicales!

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