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ESCRITOS ANTIVÍRICOS

Poco juego

El embozado forzoso piensa que la palabra "mascarilla", leída como debe ser, de izquierda a derecha, da poco juego cuando se la descompone. Siendo preciso, "mascarilla" sólo permite una posibilidad que tenga sentido, o, a lo sumo, y siendo laxo, dos: mas-carilla y mascar-illa. Las demás posibilidades carecen del más mínimo sentido: m-ascarilla, ma-scarilla, masc-arilla, masca-rilla, mascari-lla, mascaril-la, mascarill-a. Muy lejos, pues, de los juegos que Monterroso encuentra en el rico calambur de Villaurrutia: "Y mi voz que madura / y mi bosque madura / y mi voz quemadura / y mi voz quema dura" y, también, muy lejos del pobre palíndromo que recuerda en Joyce: "Madam, I'm Adam".

De todas las posibles descomposiciones de la palabra leída de izquierda a derecha sólo una (mas-carilla) tiene sentido y, otra (mascar-illa), algo de sentido, si bien cogido por los pelos. Masca-rilla aparenta servir, pero desafortunadamente "rilla" es palabra inexistente y, por lo tanto, ni significa nada ni sirve al juego de palabras, salvo apelar a alguien a que masque nada. De m-ascarilla, ma-scarilla y las demás opciones no vale la pena comentar nada, pues nada significan y nada sugieren. Sólo mas-carilla y mascar-illa tienen algo de sentido.

Mas-carilla refiere la pesadumbre ---concesiva o adversativa--- de quien compra algo a sabiendas de su precio excesivo: "mas carilla que sea, la compraré" (pesadumbre concesiva). "comí allí, mas carilla salió la factura" (pesadumbre adversativa). Con tilde, más-carilla añade matiz de cantidad y sugiere que lo mejor será comprar la mascarilla más carilla. Aunque no siempre lo más caro es lo mejor, se supone que, en general, los productos más caros son de mejor calidad. Pero ¿es eso así en el caso de las mascarillas? Probablemente no. El embozado forzoso ha visto la misma mascarilla a un precio en un establecimiento y a otro precio en otro establecimiento y, al comprar la mascarilla, no ha comprado la más carilla sino la más baratilla. Sería necio pagar más por un producto cuando por el mismo producto se puede pagar menos.

Más-carilla permite agregar matices varios al hecho crudo de que algo cuesta más de lo que debe. Hay manifestación de lamento resignado cuando al salir de excursión en un día de calor insoportable el excursionista acaba pagando de más por una botella de agua en el único punto de venta de los alrededores. El excursionista, que sabe que le están tomando el pelo, compra el agua y dice "esta botella es más carilla?". Hay ironía cuando ese "es más carilla?" es pronunciado por ese excursionista con conciencia de lo estúpido de su situación; puede haber también recriminación al vendedor, por abusador y mezquino, pues no se va a hacer millonario con esa ínfima ganancia; o desconfianza del producto, que tal vez haya estado mal almacenado muchas horas bajo el sol. El excursionista puede además quejarse de la desfachatez y referirse al tamaño de la cara dura de ese vendedor si dice: "este tipo tiene más carilla?". Carilla es en tal caso un rostro pequeño o una suerte de careta que a veces se ponen las personas para hacer cosas que no deben, esas personas que tienen más cara que espalda y que "se gastan una carilla" que se la pisan.

Cuando algo es querido, es caro; "cara amiga" se le dice a una amiga de toda la vida, así que "carilla amiga" viene a ser lo mismo que "queridita amiga". "Carilla" puede asimismo referirse al dieciocheno, una moneda que se acuñó en Valencia durante la dinastía de los Austrias y que tal vez se llamó así por la claridad con que aparecía la cara del rey en su anverso. Esto, claro está, es una suposición arriesgada que tal vez nada tenga que ver con la realidad. En cualquier caso, en este contexto numismático, la expresión "más carilla" equivaldría, en términos generales, a la expresión "más dinero", y, en términos específicos, a la petición de "más dieciochenos" a un coleccionista de monedas antiguas.

"Mascar-illa" tiene sentido si se es laxo y se lee la expresión con un poco de permisividad. Mascar es "partir y triturar algo con la dentadura" e "-illa" un sufijo diminutivo, que se aplica al ver algo pequeño, por ejemplo, un coche pequeño o un "cochillo", y es también un sufijo afectivo, que se aplica para expresar cariño, como sucede cuando se dice a un hijo "qué ojillos y orejillas más bonitos que tiene mi niño". En definitiva, "mascar -illa" vendría a querer decir que partimos y trituramos los diminutivos, figuradamente, claro está, pues con los dientes es imposible. Pero eso el embozado forzoso no lo va a hacer. ¿Qué sería de la humanidad sin esos sufijos que atenúan las desgracias y ven en los pequeños detalles rasgos que ameritan amor?.

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