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Artículos de broma

Le duele en el albedrío

Madrid tiene muchos contagios de Covid y bastantes causas. Es la mayor concentración humana de la península, una postilla urbana donde tienen sede central las oportunidades, se domicilian las ambiciones, alquilan cuarto las expectativas, viajan en metro los esfuerzos y, al caer la tarde, toman algo en terraza las ilusiones, sin guardar distancia. Jóvenes de todo origen, con las piernas inquietas aun sentados, mueven esa dinamo.

Esa energía y concentración ingobernables favorecen a un virus ante el que se aconseja estar quieto, callado y solo. Esa energía y concentración ingobernables están bajo mando de Isabel Díaz Ayuso, quien acaba de anunciar en el comienzo de curso unas "medidas especiales" que rigen desde hace medio verano en regiones más sanas. (Prohibir los toros, los bailes en las bodas y los grupos de más de 10 personas y distanciar metro y medio las mesas de los bares). La presidenta de Madrid lamentó limitar la libertad porque va contra sus principios.

Las restricciones son una lata, pero -en la excepción de la pandemia- las promueve la libertad y donde hacen daño en el albedrío. Por ser rápidos: el albedrío es la voluntad cuando no está gobernada por la razón, sino por el apetito o el capricho. La libertad, que nos hace personas, modera el albedrío, que nos hermana al jabalí. El libre albedrío es la potestad de obrar por reflexión y elección. Las limitaciones nos duelen en el albedrío y las tomamos y aceptamos por la libertad, también con la libertad de cuestionarlas y rechazarlas. La libertad es una cadena para el albedrío que nos amarra también por el cabo de la responsabilidad.

Hay ultraliberales que confunden la libertad con el albedrío. Si no es el caso de Ayuso, lo retiro porque si le ofende que le digan lo que sucede -que tiene el 30% de los nuevos contagios del Covid de España- no quiero pensar cómo se pondrá si le señalen algo que no sucede. Ella sostiene que destacan los contagios de Madrid porque ella es del PP, dejando al PP en evidencia. Trucos. A Ayuso, como a todos, lo que no le gusta es que le tosan. Y menos ahora.

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