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Martín Alonso

LA MIRADA DE ANDERSSON

Martín Alonso

Feliz año nuevo

No. Tranquilidad. No se me ha ido la pelota ni he abrazado durante el verano ninguna creencia jipi que celebre hoy el inicio del año 3041. No. Todo es más simple. Si usted es futbolero me entenderá. La Unión Deportiva Las Palmas empieza hoy un nuevo curso y para los que estamos enamorados de este juego, a través de las aventuras del equipo amarillo, el tiempo se suele medir más por temporadas que por años naturales. Por ejemplo, si usted es aficionado del equipo amarillo, probablemente recuerde durante estas fechas un quinto aniversario de algo porque aquel punto de partida coincidió con el último ascenso a Primera División. Eso es así. Y no pasa nada por admitirlo. Todos tenemos nuestras pedradas en la cabeza y esta, después de todo, es inofensiva y sirve para ejercitar el cerebro a través de la memoria.

Así que con la llegada de septiembre todos los futboleros celebramos un año nuevo. Y, en esta ocasión, con más ganas si cabe. 2020, en nueve meses, nos ha tirado tanta mierda encima que hay ganas de evadirse, olvidar, distraernos, celebrar y pasar página. El verano empieza a quedar atrás, muy lejos para algunos, y este mes siempre llega cargado de buenas intenciones. Durante las vacaciones nos prometemos que, de vuelta a la rutina, empezaremos a hacer deporte, que no tocaremos las cervezas de lunes a jueves, que procuraremos no llamar idiota a los idiotas que nos cruzamos por Twitter, que intentaremos aprender algún idioma, que nos pondremos más a menudo aquella camisa -de combinación estrafalaria de colores y que nos queda como el culo- comprada en las rebajas y que no nos encabronaremos con la Unión Deportiva Las Palmas.

De toda esa lista llena de buenos propósitos, parece que igual el más fácil de cumplir este año -aunque suene increíble- es el relacionado con la Unión Deportiva. De repente, y sin que no tuviera que mediar por medio una invasión alienígena, parece que en el club amarillo se hacen las cosas con cierta cordura. Parece, subrayo. Otero y sus aires de superioridad -como el que lleva un nuevo juguete a una colonia de desarrapados- han desaparecido del mapa y el atractivo de su ausencia se multiplica por el regreso de Luis Helguera y Tino Luis, dos buenos profesionales que conocen bien la casa -algo que vale su peso en oro-.

Con ellos han llegado futbolistas jóvenes y con hambre de gloria, un valor que cotiza alto en Segunda División si marida bien con la experiencia que hay en la plantilla de Las Palmas. A falta de un delantero que garantice goles y de alguien con caché que apuntale la defensa, más la continuidad de Pepe Mel en el banquillo, el equipo parece que pinta bien. Hasta las camisetas, por fin, son bonitas.

Celebremos, pues, este año nuevo que arranca hoy con la Unión Deportiva Las Palmas sin mirar mucho más allá. Porque ya sabemos, por lo que nos ha traído 2020, que todo se puede ir al carajo por un detalle mínimo. Y en este club, por experiencia, todo puede pasar. Siempre podrá aparecer algún cabrón que se tome una sopa de murciélago y lo mande todo a la mierda. Al tiempo.

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