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Las cuentas de la vida

Apertura siciliana

Septiembre arranca con la visita de una DANA y los primeros escarceos políticos. Septiembre viene cargado -hay tensión en el ambiente y grandes temores de fondo-, porque se sabe que en los próximos meses van a tener lugar acontecimientos relevantes. Uno de ellos -lo anuncian las encuestas- es la posibilidad de que el independentismo cruce en las próximas elecciones la línea Maginot del cincuenta por ciento del voto. Irrelevante en sí mismo, constituiría un síntoma de la mutación ideológica -alejada del seny, ajena al posibilismo- que sufre la sociedad catalana. Hay que volver una y otra vez al historiador francés Marc Bloch, quien en La extraña derrota insistía en la importancia de la inteligencia a la hora de afrontar los problemas políticos: los fracasos sociales se deben a errores intelectuales, a malas lecturas y a respuestas equivocadas. Arranca septiembre con los hoteles cerrados y con helicópteros sobrevolando las playas semidesiertas. Las cifras del paro se despliegan en punta, como un bosque de lanzas sobre la piel desértica del país. A finales de mes, las tensiones por las cuentas públicas se van a disparar a la espera de la benevolencia del Banco Central Europeo. Quizás para entonces se exija ya un pacto presupuestario -y lo habrá, no me cabe duda-, con medidas claras y compromisos concretos. Cs ha marcado unas líneas rojas; Unidas Podemos, otras; mientras que en el PSOE se regocijan de tener atados y bien atados a los líderes podemitas, con los que ya no cuentan para nada a nivel de gobierno. Se ha demostrado, una vez más, en la fusión de Bankia con CaixaBank, la cual presagia dos fusiones más: la del Banco Sabadell con el BBVA -que acaba de despedirse del club de la élite europea, el EURO Stoxx 50- y la de Liberbank quizás con Unicaja, quizás con la Kutxa. En un país tan bancarizado como el nuestro, estos movimientos no son baladíes. Hablamos de gigantes económicos con múltiples tentáculos. Arrancamos septiembre con una ola epidémica creciente, la inexplicable apertura de colegios, el déficit público disparado y el previsible tsunami de los cierres de empresas. Se avecina un curso crucial.

El primer movimiento en el tablero ha sido la fusión entre Bankia y CaixaBank, que crea el principal banco español, por delante del Santander y el BBVA. Apertura siciliana, dirían los ajedrecistas. Se trata de un movimiento defensivo, obligado por las circunstancias represivas de unos tipos de interés en mínimos, el exceso de regulación, la amenaza de la mora, la disrupción tecnológica y la falta de músculo para competir con los gigantes bancarios. No es un problema exclusivamente español, sino europeo; pero, lógicamente, tendrá enormes consecuencias sobre la capilaridad empresarial y laboral de nuestro país. Para empezar, el cierre de sucursales y despidos. Y, para continuar, una reducción del mercado de la competencia, a la espera de que las Faang decidan si empiezan a ofrecer crédito o no. En todo caso, se trata de un primer paso hacia las fusiones transeuropeas, que muy pronto empezaremos a ver; quizás en años, pero no en décadas. Porque al final sólo quedarán dos tipos de bancos en Europa: los que opan y los que son opables, los que pueden competir globalmente y los que no.

Las DANA no son únicamente meteorológicas, como pronto podremos comprobar. La debilidad de la economía, la guerra cultural, el ensimismamiento de los movimientos identitarios, la amenaza pandémica y la abrupta sentimentalización de la política auguran tiempos complejos.

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