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El palique

Brutos

Un exconcejal del PP de un municipios malagueño, Campillos, ha pedido en Twitter que le metan "esta noche" un tiro en la nuca a Pedro Sánchez. No cambian las recetas en este país. El exedil borró luego el tuit. A lo mejor tras dormir la resaca, recuperar el móvil o por el consejo de algún sensato amigo. O por entender que era una medida muy leve para lo que él le desea a Sánchez.

No es que Twitter sea un estercolero, es que esto es lo que hay. Pistoleros de sofá. Policías de balcón. Represores de escalera. Jueces de la nada, soplones, violentos y mangantes. Aprovechados de la política. También buena gente en cantidades industriales, pero aquí estamos para darle el mal rato con el café y no para decirle que hay monjitas de la caridad, angelitos del cielo, benefactores diversos y hasta donantes de órganos.

Tampoco es descartable que todos tengamos varias caras y que la peor de ellas la exhibamos en las redes sociales, donde por cierto, también a veces enseñamos lo mejor de nosotros mismos, o sea, decimos que somos más altos y guapos de lo que en realidad somos, escondemos nuestros defectos y proclamamos nuestro amor por el atardecer, la poesía, los libros, viajar y acariciar niños mofletudos. Desayunamos aguacate. O sea, como si estuviéramos, no ya tratando de ligar, más bien como si estuviéramos en campaña electoral. Nuestra marca en juego. Que puede irse al garete por un calentón. Claro que no falta quien cuando está calentón es cuando mejor se vende, por ver si alguien le suaviza el tal calentón. Otros en caliente recomiendan tiros en la nuca. Sánchez está concitando muchos odios, tal vez ya al nivel de Zapatero, al que llamaban etarra e hijo de su madre cada dos por tres, incluso en sede parlamentaria. Ahora está de moda llamarle tonto. Pero con un deje del que con rabia considera que la izquierda no puede gobernar, que eso es patrimonio de la derecha. La derecha civilizada se va a Instagram a decir que ha tomado unas croquetas fenomenales o pone fotos en el Facebook jugando al tenis, pero la derecha montaraz, lo mismo que las hordas extremistas del otro lado, son más de recetar tiros y disparos, paseíllos y café, como se decía antes. "A estos, café", decía Franco entregando a un subordinado una lista de gente a la que había que fusilar. El español dócil aprende pronto y pronto Franco no tuvo que indicar nada, ya la gente se puso a fusilar así como así y llenó las cunetas de rojos y azules y las entrañas de rencor. Y ahí seguimos.

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