Cuando uno comenta con los amigos cualquier anécdota, lo más usual es que algunos de éstos apostillen con experiencias parecidas, pasando la cosa de un simple petardo a una traca en toda regla.

Así ocurrió el otro día, al referir yo cómo en una notaría, donde ejercía una señora notaria, en uno de los documentos encargados se citaba el número de registro de protocolo de esta guisa : "?.y pone rúbrica con fecha de hoy, al número 376 de su protocoño."

Naturalmente, la hilaridad fue general, con los consiguientes "adornos" de tal ocurrencia, sobre el origen del error en algún pasante despechado, u otros comentarios de corte más escabroso.

Y a renglón seguido, el aluvión de experiencias en la misma vena de varios de los presentes, en el campo judicial. Uno relataba cómo en los autos de un juicio el testigo, por ser analfabeto y tener que firmar con sus huellas digitales, constaba que lo había hecho estampando sus "huellas genitales".

En otro caso, una sentencia de una juez, donde constaba que ésta era sustituida interinamente, por estar de parto, había sido utilizada como soporte informático de otra similar, firmada por otro juez, parturiento de barba y bigote.

Y uno, a la vista del carácter marcadamente sexual de lo que antecede, no puede dejar de preguntarse si no estaremos en presencia de una erótica del poder? judicial.