El protagonismo de las administraciones públicas tiene que volver a establecerse en una sociedad distinta y que quizás, ya no vuelva a ser igual.

El conocimiento para dar soluciones, tiene que adaptarse a un nuevo contexto generado por una crisis de valores y sus consecuencias en una crisis económica.

Ya casi nada es igual. Todo cambió. Empezando por un modelo productivo y terminando en que tienen que haber nuevas formas de pensar y de actuar.

En época de bonanza económica, todos vivíamos al día y determinados debates, como el de las desigualdades o la exclusión social, eran algo que lo veíamos muy lejos, especialmente todos aquellos que no estábamos en esa situación. La tasas de fracaso escolar, el número de personas sin trabajo, la cantidad de familias que tienen escasos ingresos o ninguno, la incertidumbre generada por una economía que no depende de las previsiones, sino, de los deseos, los temores y las pasiones de las personas; todo esto, son factores que invitan a que cambiemos, tanto en la forma de pensar y de organizar nuestro conocimiento, como en la manera de resolver los problemas. Si no es así, de nada servirán los esfuerzos actuales para mejorar el mercado laboral y reorganizar la administración pública.

Las Políticas Sociales tienen también un nuevo horizonte, aunque algunos, alejándose de un elemento vertebrador como el consenso, crean contar con la exclusividad de la sensibilidad en los temas relacionados con las personas, cayendo en algo tan poco eficaz como es el dogmatismo.

El primer aspecto dentro de este camino es que hay que dar estabilidad a determinados servicios, porque el primer papel que debe cumplir la administración pública, es estar, precisamente, para los que más lo necesitan y están en riesgo de exclusión social.

Se deben fortalecer algunos servicios, fundamentalmente, los de atención inmediata y más personal y además complementarlos entre las Administraciones públicas, las entidades sin ánimo de lucro y el sector privado, por ejemplo: servicios de atención a domicilio, atención primaria y preventiva, unidades de descarga familiar, prevención y atención integral a violencia de género.

Será imprescindible mantener servicios con el objetivo de que se consoliden. La incertidumbre y el servicio sin continuidad no proporcionan los resultados adecuados en la atención a las personas y lo que sí hacen, en cambio, es complicar las situaciones y convertirlas en crónicas. Y es, a la Administración Pública, a la que primero le interesa resolver las situaciones de las personas, para evitar la exclusión y conseguir, eso que tanto nombramos y que no termina de conseguirse, más cohesión social.

Pero las políticas sociales necesitan también un diagnóstico adecuado. Especialmente situándonos en el contexto, la complejidad, la globalidad del todo y las partes y fundamentalmente, en lo multidimensional de las per-sonas.

Y todo esto, si no se trabaja desde la solidaridad y responsabilidad, para rendir cuentas; desde la diversidad para establecer más lazos sociales y no desde la frialdad por la inmediatez; y la participación como elementos, los tres, de la mejor gobernanza; no se avanzará y lo que es peor, la sociedad seguirá incrédula e indiferente.