Cada vez se confirma más la sospecha de que detrás del terremoto a cámara lenta que sacude al mundo desarrollado hay solamente una recomposición de las placas tectónicas: unas suben de nivel y otras bajan. Si los capitalismos emergentes -China, India, Brasil, Rusia- le echan una mano a los capitalismos decadentes para que no se hundan, será a cambio de modificar la correlación de fuerzas en el tablero. Pero, ¿qué tienen esos países que acampan fuera de las murallas para haber logrado imponerse a los señores de la ciudadela? Lo común a todos ellos es que tienen mucha pobreza y mucha gente. Por tanto: grandes posibilidades de producir barato con alta tasa de ganancia, y un ejército de reserva de consumidores prácticamente ilimitado, que irá entrando en juego poco a poco. Pero, sobre todo, tienen hambre de mejora, de riqueza y de poder, ambición, ganas. O sea, las pasiones del depredador.