Cunde la sospecha de que los padres están más preocupados por sus hijos que nunca, y viven rodeados de temores sobre ellos, pero no se ocupan de veras de su educación. Quizá sería educativo que recorrieran con ellos, un día tras otro, hospitales, universidades, escuelas, polideportivos, residencias de ancianos, centros de jubilados, bibliotecas, servicios públicos y asistenciales y les explicaran a los niños que todo eso estará a su disposición, por el hecho de haber nacido aquí y no en Níger, India o Ecuador.

Pero que luego les dijeran también que ese regalo que reciben de anteriores generaciones hay que mantenerlo, para que no se venga abajo, y esto sólo será posible trabajando mucho muchos años y pagando impuestos. Después de esa primera y larga lección a cargo de los papás, los niños podrían pasar a la fase llamada educación para la ciudadanía, que podría redenominarse urbanidad.