El presidente norteamericano Obama y el presidente de Guatemala Colom han pedido perdón al género humano por los perversos experimentos médicos llevados a cabo por los servicios de ambos países en seres humanos desvalidos, pobres, muertos de hambre, negros o indígenas. Estos experimentos consistían en probar una serie de vacunas en pacientes con enfermedades venéreas, a los que previamente inoculaban e infestaban para luego acelerar los ensayos clínicos y seguir la evolución de la patología. En el mejor de los casos alguno se salvaba y a otros ni siquiera cuidaban porque era más importante conocer la lenta y sufriente destrucción de la persona sometida al ensayo.

No es la primera vez que un líder mundial se avergüenza ante la comunidad internacional, y aunque los experimentos con seres humanos se prohibieron en la década de los setenta, aún se sigue practicando esta perversidad en otras partes del planeta, pues la prohibición en EE UU desplazó el sistema degradante hacia países míseros de África y Asia en la mayor parte.

Hace quince años fue el presidente Clinton quien tuvo que pedir perdón por utilizar a sus compatriotas negros -que morían en las guerras de Vietnam- como animales de laboratorio en el Estado de Alabama, donde cuatrocientos negros fueron contagiados para seguir la evolución de la enfermedad sin aliviarles el dolor.

La era del perdón en Norteamérica la inició Bill Clinton cuando al terminar la guerra fría se empezaron a desvelar dantescos procedimientos en la utilización de fármacos y agentes contaminantes en muchos seres humanos como la radiactividad o las innovaciones en la tortura. Pero mucho antes, después de la segunda guerra mundial, las potencias vencedoras y abusadoras, además del territorio se disputaron los ensayos que los nazis estaban llevando a cabo en múltiples campos de la medicina -¿es esto ciencia o medicina?- y siguieron mejorando o ampliando este horizonte de perversidad y tormento. En Alemania está terminantemente prohibido experimentar con embriones humanos, como si en la memoria de los pueblos quedara la certeza de que estuvieron a un paso conseguirlo.