Tras el fenómeno de la globalización del capital, se trasluce el comportamiento indecente, la ética perversa que se ha instalado en la cabeza del imperialismo internacional, expresado por los Estados Unidos de América, especialmente tras la II Guerra Mundial. Me refiero a la impunidad con que sus dirigentes -y los poderes que están por encima de éstos- han venido mintiendo a toda la Humanidad, justificando actuaciones de distinta índole, con sórdidos intereses. Esa élite ha vulnerado el derecho nacional e internacional, encubriendo la infame praxis con la manipulación de la opinión pública norteamericana y la del resto del mundo. Algunas de esas filfas imperiales son realmente turbadoras.

Para desviar la atención de la guerra de Vietnam y la supremacía espacial soviética, simulan la llegada del hombre a la Luna, mentira desvelada, entre muchos, por el astrónomo Phil Plait. Diversos crímenes de Estado, como el del presidente Kennedy, asesinado tras denunciar la existencia de sociedades secretas por encima de cualquier órgano de poder democrático en los EE UU; y el pastor Martin Luther King, que encabezó el movimiento pacifista y de derechos civiles. A este respecto un juicio civil, en 1999, silenciado por los medios, determinó que agencias del gobierno de EE UU fueron culpables de su muerte. El montaje sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Irak para justificar la intervención bélica y saquear sus recursos naturales. Si creemos a Morgan Reynolds, consejero económico de la administración de G. W. Bush, las torres gemelas y la torre 7 fueron objeto de una demolición controlada fruto de un "inside job", orquestado por el propio gobierno. Y si atendemos al Dr. Steve R. Pieczenik, ex alto cargo del Departamento de Defensa, Osama Bin Laden murió en 2001 de una enfermedad degenerativa. La producción de pandemias de laboratorio para el negocio de las multinacionales farmacológicas, como denuncia la Dra. Rauni Kilde. Lo que Lincoln escribiera "Podrás engañar a todos durante algún tiempo; podrás engañar a alguien siempre; pero no podrás engañar siempre a todos", resulta agorero.