Cuál es el logro científico más importante del año? ¿Y de la década? ¿Cuál, el del siglo? Si hablamos de todos los tiempos, desde que existen miembros del género Homo al menos, ¿cuál sería el logro más crucial? El del fuego, sin duda, pero eso no es en sentido estricto un hito científico: es un descubrimiento. La ciencia, como actitud, comenzó con Aristóteles o con sus inmediatos predecesores que se interesaron por la expresión matemática del universo. Para alcanzar la exigencia teórica sería preciso trasladarnos mucho más cerca de nosotros: hasta Francis Bacon. Y, a partir de ahí, la constelación de estrellas: Copérnico, Galileo, Newton, Cuvier, Laplace, Lyell, Darwin...

¿El logro más importante? No hay un hallazgo único; hay una cadena que es el trasfondo mismo del poderío de la ciencia como método. Aun así, la revista Science elige cada diciembre el acontecimiento científico del año. Hace un par de semanas extendió la elección de lo más excelso a los diez hallazgos de la década. Lo más significativo es que el artículo que daba cuenta de los diez hallazgos en lo que llevamos de siglo incluyese su traducción a una lengua distinta a la inglesa. Y no al castellano, ni al alemán: al chino, como indicio mejor de que los tiempos ya han cambiado.

¿Qué ha merecido los honores de verterse al chino mandarín? En primer lugar, el genoma oscuro. El hallazgo de que sólo 21.000 genes, el 1,5% de las bases nitrogenadas, codifican proteínas y enzimas. Las funciones del resto, ese genoma oscuro, están aún por ser descubiertas aunque se sospecha que pueden tener que ver con el mantenimiento de la salud. Los demás grandes hallazgos de la década, según Science: los planetas de fuera del sistema solar; el papel de las inflamaciones en algunas enfermedades muy extendidas; el estudio científico del clima y su impacto popular; la reprogramación celular a partir de células adultas; la primera máquina cuántica; el hallazgo de agua en Marte; los microbios huéspedes de nuestros cuerpos; el contenido preciso del universo; la recuperación de material genético presente en los fósiles. Llama la atención que en su gran mayoría se trate de asuntos relacionados con la vida o con el universo, propios de la biología (la nuestra) y de la física. Quizá sea que los humanos seguimos percibiendo el mundo desde la perspectiva de nuestro propio ombligo.