Las personas humanas de la capital grancanaria se enfrentan en estos carnavales ante el paso de 1.200 murgueros, agrupados en 24 murgas que participarán en un concurso que durará tres días a razón de unas seis horas de tortura. Esto se debe a que el fenómeno se ha incrementado en inversa proporción a lo divertido que se ha puesto este país en los mercados bursátiles. Ignorito cómo se ha permitido esta demográfica explosión -esto en China esto no hubiera ocurrido por su política anticonceptiva-, pero la exposición sin tapones a 18 horas de gallos aunque se divida en tres grandes tomas vulnera no sólo los derechos fundamentales del espectador, sino puede que incluso los más básicos principios contra la salud humana, sin olvidar el calentamiento global o la dislocación de los satélites en órbita. Hay que pedir un recurso de amparo a Bruselas o convocar al Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de la ONU. El Ayuntamiento -si es que esto es inevitable- ha de instalar un hospitalito y un campamento de refugiados con caldo caliente y benzodiacepinas para las pérdidas del baifo por sobredosis. Y si el Mencey aparcara su Heli For Guanche, por si una evacuación, mejor que mejor.