La radiactividad es como un pelo en la sopa, pero un pelo que no se ve y que mata. La radiactividad es limpia porque ni huele ni sabe ni tiene color. Puedes tomarte un pastel radiactivo y relamerte de gusto antes de expirar lleno de tumores. Quiere decirse que a la radiactividad no se la ve venir, vaya por Dios. Ahora parece que ha llegado al agua del grifo, en Tokio. La expresión "agua del grifo" evoca, entre nosotros, un mundo doméstico seguro y protector. Desconfiar del agua del grifo tiene consecuencias más graves que desconfiar de la banca privada, que es, paradójicamente, la base de la vida colectiva. Imagínense que no pudiéramos utilizar los cajeros automáticos (esos grifos que expenden dinero) porque los billetes salieran contaminados. Los países se dividen entre aquellos en los que se puede beber el agua del grifo y los que no. Los que no pertenecen al Tercer Mundo (en mayúscula, como si dijéramos Nueva York) o, si ustedes prefieren ser educados, a los "países en vías de desarrollo" (en este caso, misteriosamente, con minúsculas). No puedes ver un telediario sin que la lengua te sepa a radiactividad, que ya hemos dicho que no sabe a nada. No hay peor cosa que el sabor a nada; lo mismo que una ausencia de dolor cuando el dolor debería estar presente. El dolor avisa, previene, informa. Dicen que la radiactividad, además de al agua del grifo, ha llegado a las verduras y al marisco. Resulta difícil imaginar un panaché de verduras venenoso, o un cuarto de quilo de percebes mortales. Jamás me he comido un centollo con aprensión. Debe de ser terrible, sobre todo por lo que cuesta. Claro que, llegado el caso, podríamos pagarlo con billetes de curso legal sacados de un cajero contaminado. Una cosa por otra.

Hemos deducido de lo que dicen en la tele que la unidad de medida de la radiactividad es la radiografía. Un vaso de agua radiactiva equivale a una radiografía de tórax. Durante las pausas de publicidad de la tele, solemos ir a la cocina a beber un vaso de agua. ¿Se harán una radiografía en Tokio cada vez que comienzan los anuncios? Los expertos dicen también que hoy por hoy no podemos renunciar a la energía nuclear. Pero el mundo actual, que es una basura, lo han construido los expertos.