Ya que nos han intervenido, al menos que nos rescaten del todo. Lo que no va a misa es tomar el mando sin poner el dinero. O lo uno va con lo otro, o no llegaremos a ninguna parte.

Intervenidos lo estamos. Para comprobarlo no hay más que poner en paralelo la lista de medidas del gobierno y las recomendaciones de la Comisión Europea: desde el aumento de los impuestos indirectos hasta la liberalización de los servicios. Y para saber lo que vendrá no hay más que repasar cuáles son las recomendaciones que todavía no han sido trasladadas. Por lo menos, las que implican ahorro y sacrificio; hay otras, como la protección a los jóvenes y a los parados mayores, que pueden ser olvidadas sin que Bruselas proteste.

No nos han impuesto un cambio de gobernante, como en Grecia o en Italia, porque el nuestro se ha plegado a las exigencias. Tras un principio titubeante, en parte por razones electorales, rápidamente se ha puesto en su sitio, movido en gran medida por el estallido de Bankia y las enormes necesidades de capital que lleva aparejado. El horizonte de un hundimiento del sistema financiero ha llevado a la deglución acelerada de todos los sapos. Y se tragaran también los que faltan por llegar, porque los medicamentos recetados tienen considerables efectos secundarios.

Ya estamos royendo los huesos. ¿Para cuándo la carne? Van a llegar decenas de miles de millones para sanear la podredumbre inmobiliaria que gangrena a una parte importante del sistema financiero, pero las condiciones del préstamo no solo las deben cumplir los directos beneficiarios, sino las cuentas públicas. Condicionalidad macroeconómica, la llaman los que entienden. Imponer requisitos a los bancos a cambio de darles dinero parece razonable. ¿Pero a cambio de qué se están poniendo condiciones a los presupuestos del Estado? ¿Solo a cambio de ayudar a los bancos? No parece equitativo.

En los países totalmente rescatados hay imposición de duras condiciones, vigilancia de su cumplimiento y un flujo acordado de dinero a un interés aceptable, que los gobiernos no podrían obtener de ninguna otra manera. Aquí tenemos las duras condiciones y la vigilancia de cumplimiento, pero no han dicho nada del flujo que dinero que permita aflojar el dogal asfixiante de la deuda pública. Si usted tiene cien euros en bonos alemanes a diez años y se los vende, le van a dar 105 euros por ellos. Si los tiene en bonos españoles le ofrecerán 94 euros. Así de claro. ¿Quién va a comprar las emisiones españolas?

El rescate tiene mala imagen. Grecia y Portugal no acaban de salir del pozo. Pero Irlanda sí lo está haciendo. Y lo que realmente tiene mala fama son las condiciones de intervención, las imposiciones. Si eso ya lo tenemos, quizás valga la pena pedir lo otro, el dinero. Tal vez tras las vacaciones.