Hay en una cárcel militar norteamericana un preso especial, Bradley Manning. La más grave acusación -implica pena de muerte-, "ayudar al enemigo y poner en riesgo otras vidas": le entregó al también acusado Jennifer Robinson (fundador del portal WikiLeaks) vídeos y miles de documentos considerados de alto secreto, los cuales fueron dados a conocer a través de cinco periódicos internacionales. Ese material, por ejemplo, compromete al Ejército USA por el supuesto asesinato de un periodista y varios civiles en Bagdad. Otrosí: hipotético exterminio de civiles en Afganistán a causa de bombardeos desde helicópteros. Y deja en entredicho, entre otros, al Gobierno español, que intentaría bloquear el avance de la justicia en el caso de asesinato del cámara José Couso. El 5 de agosto de 2010 publiqué aquí un artículo ("Un soldado USA 'humanista"), reproducido en distintos países, entre ellos EE UU (Pressenza International Press Agency). En él corroboro la afirmación del Ejército norteamericano de que Bradley Manning es un "humanista" (así lo llamó), y considero como tal a toda persona que participa de un pensamiento intelectual con predominio de la razón. Persona que -además- busca la felicidad en el máximo respeto a la vida humana y que no acepta los imperativos de la violencia. Y con esos principios entregó el material calificado como "alto secreto", para que todo el mundo supiera cuáles son los comportamientos reales del Ejército al que servía.

Acabo de leer que Amnistía Internacional (revista nº 107) reclama para este joven -sospechoso, no culpable, no ha sido juzgado- un trato más suave en la prisión, en cuanto que se le priva de su ropa y permanece en una celda de aislamiento sin almohada, sábanas u objetos personales. Lo tratan como a los otros que pudren en Guantánamo su juventud y su mente, su estabilidad psíquica y su vida, encerrados por sospechas, por simples intuiciones, y así les dejan pasar los años, violados en su equilibrio mental, atrofiados.

El soldado Manning se pudrirá en la cárcel. La vida, para él, ha acabado. Su delito: filtrar documentos secretos con la ingenua idea de ayudar a cambiar el mundo.