A Telde le debo mucho, y he procurado devolverle parte de lo que me ha dado. He escrito sobre su historia y su patrimonio, así hace más de treinta años un trabajo sobre el barrio de San Francisco mereció el premio de periodismo León y Castillo, convocado por el Cabildo insular. Antonio González Padrón, además de cronista e Hijo Predilecto, es el director de la Casa-Museo León y Castillo, y a él se debe el rescate de la Escuela Lírica de Telde, todo aquel grupo de poetas que mantenían sus tertulias en tiempos de escasez.

A finales de los setenta mi mujer por entonces, Concepción Navarro Cáceres, me habló del crimen de las espiritistas y me apliqué a averiguar las circunstancias. Periodistas famosos como Antonio José Alés, que tenía el programa Medianoche en la cadena Ser, no consiguieron información alguna cuando vinieron a la isla. Yo me zambullí en la hemeroteca de El Museo Canario, los periódicos de la época hablan extensamente del terrible suceso del 28 de abril de 1930.

Y luego tuve la suerte de que Joaquín Blanco Montesdeoca, director del Archivo Histórico Provincial, me cediera su importante documentación sobre aquellos hechos. De este modo obtuve la base documental para Las espiritistas de Telde. De 25 libros que he publicado solo este ha tenido una circulación importante, 30.000 ejemplares en siete ediciones en español, y cinco traducciones.

Rosario Valcárcel, mi paciente compañera, me acompañó en el reciente homenaje de la Casa-Museo León y Castillo, donde ha sido organizada una muestra bibliográfica con buena parte de las ediciones y reediciones de mi obra, y donde sostuve una charla con los asistentes.

Los escritores somos seres solitarios, pues nuestro trabajo se hace en una búsqueda paciente de palabras, personajes, situaciones. Cuesta mucho avanzar en un libro, la pantalla en blanco genera desasosiego pero de vez en cuando obtenemos guiños de ánimo para seguir haciendo nuestra labor.

Pienso que debemos seguir conociéndonos, seríamos mejores si potenciáramos nuestra historia y nuestra identidad no entendida como narcisismo costumbrista, sino como posicionamiento abierto ante el mundo.