La normalidad ya no es lo que era. Estás en casa haciéndote una tortilla francesa normal, en una sartén normal, un domingo normal y escuchando una radio de ámbito regional muy normal cuando, de repente, llega a tus oídos la noticia de un combate de boxeo en Tamaraceite de "muchos kilates", es decir, que no era normal. El locutor, con absoluta naturalidad, resume el acontecimiento e informa a la audiencia de que todo marchó "perfectamente", esto es, lo que entenderíamos por normal. Antes de despedir la conexión hace una apostilla. Al parecer uno de los púgiles quedó inconsciente sobre la lona del pabellón de Tamaraceite, que es un recinto muy normal, y tuvo que intervenir un médico normal para sacarle la lengua de la garganta y evitar que muriera por asfixia. Pero, al margen de este detalle, todo transcurrió con normalidad. Además, el hecho "no pasó de ahí". En el mismo lugar, hace dos años, y consta en las hemerotecas, hubo otra "velada" (¿van a besarse?) que incluyó "enfrentamientos amateur con púgiles locales y la actuación de la niña artista" de la que omitimos el nombre. Todo esto es normal, y para eso tenemos direcciones generales del Menor y el Deporte.