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RESETEANDO

A destiempo

Resulta hasta agobiante que la segunda ley que pretende sanar el inconsciente colectivo de la posguerra nunca acabada reaparezca bajo la pandemia. Nada más cerca de una maldición: la norma que pretende normalizarnos frente a una dictadura cae sin efecto expectante sobre un páramo del que emerge un único árbol decorado con mascarillas. Satisfacción por tanto entre los panteones de los generales y entre sus belicosos descendientes, que, entre carcajadas, celebran calavera en mano la oportunidad de esta Memoria Democrática sancionada por el Consejo de Ministros. Nietos y biznietos de los ejecutados y lanzados a la cuneta miran, desolados, el reloj del destiempo, cuando la genética se ha llevado por delante a hijos -los padres y abuelos de ellos- que creyeron que algún día los iban a enterrar para llorarles. Pero si hay algo que demuestra que todo suele llegar tarde en España, la trufa negra, sin duda alguna, se la lleva esta ley de resarcimientos, una bofetada lacerante que nos sitúa ante la evidencia del nivel democrático en el que nos desenvolvemos: unos pocos años más tarde y no hubiese quedado nadie vivo en la faz del país interesado por lo que hizo Franco ni por la ingente cantidad de papeles represivos que produjo su régimen, en un afinado esfuerzo por llegar más allá de la posteridad. Una meticulosidad obsesiva, de sádicos amanuenses, que aquí, a la vista está, consiguió su objetivo de supervivencia eterna. Multas para los fascistas, anulación de estrambóticas sentencias de consejos de guerra apuntalados por juristas que creyeron estar en el imperio romano, pero también contenidos en los libros de texto. ¿Se llega a tiempo? Igual que otras tantas cuestiones del multisistema educativo español, habrá alumnos de dos velocidades: unos que no llegarán a tiempo para "conocer de dónde venimos" (dixit Calvo) y otros que podrán saber cuál es el origen, por ejemplo, de algunas enemistades enfermizas o de temas absolutamente tabúes en la familia y que se mantienen incrustados generaciones. Estas mutaciones socioculturales son trabajosas, apergaminadas, por lo que no nos quedará más remedio que esperar unas décadas más, dando por descontando de que el PP prepara el machete para desmochar la ley desde que pueda, para ver cuáles son los efectos salvíficos de la Memoria Democrática, un proyecto que nos lleva a constatar que somos un pueblo mutilado, con el jardín lleno de muertos.

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