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PAPEL VEGETAL

Navalni, el gas ruso y la división de Europa

Conseguirá Estados Unidos gracias al caso Navalni su viejo objetivo de frustrar la terminación del gasoducto Nordstream 2 entre Rusia y Alemania, con el que EEUU espera castigar no sólo a este último país, su principal promotor entre los europeos, sino también poderles vender a todos ellos más de su propio gas licuado?

El intento de asesinato con el agente nervioso novichok del líder opositor ruso, Alekséi Navalni, es un duro golpe para quienes seguían abogando por una política europea de acercamiento en lugar de cerco a Rusia a despecho de la anexión ilegal de Crimea o de su involucramiento en la guerra de Siria mientras arma, por el contrario, de razones a los que siempre han desconfiado del presidente Vladimir Putin.

La opinión pública alemana está dividida, como lo están los políticos, incluso dentro del propio Gobierno de coalición, que mientras condenan unánimemente el envenenamiento de ese político crítico con el régimen y los oligarcas rusos, no coinciden en que poner fin inmediatamente a ese proyecto gasista, que está casi acabado, sea la mejor respuesta a lo que algunos califican de "sistema Putin" por la forma de deshacerse de sus oponentes que atribuyen al actual Kremlin.

Los más atlantistas en el Gobierno de la CDU, la CSU bávara y los socialdemócratas, pero también los Verdes, en la oposición, siempre han desconfiado de Nord Stream 2 porque perjudica económicamente a Ucrania, por donde pasa actualmente parte del gas natural ruso y porque divide también a los propios europeos : la mayoría de los países del Este, con Polonia y las Repúblicas bálticas al frente, pero también otros como los escandinavos, se opusieron desde el principio a su construcción.

Alemania, sin embargo, se ha empeñado en llevarlo adelante gracias, entre otras cosas, al fuerte cabildeo del ex canciller socialdemócrata Gerhard Schroeder, amigo personal del presidente ruso, Vladimir Putin, y enérgico lobbista de la industria del gas de ese país, aun a riesgo de poner a prueba la alianza europea, por considerar que es beneficioso para los intereses de Alemania.

Este país, como el resto de los europeos, va a necesitar un mayor suministro de gas en el futuro, pese a la opinión de los ecologistas, y el de origen ruso es actualmente mucho más barato que el gas natural licuado que EEUU pretende vender a Europa con el argumento estratégico de que con el Nordstream 2 aumentará inevitablemente su dependencia de Rusia, a la que será por otro lado más fácil desestabilizar a su vecina Ucrania.

La cuestión que se plantea, si por fin se demuestra finalmente que el Kremlin está detrás del intento de asesinato de Navalni, algo que tanto la UE como la OTAN han dado por hecho ya desde el primer momento, es si bloquear el gasoducto es la mejor respuesta a Putin o si sería preferible, como sugieren algunos, adoptar otro tipo de sanciones, por ejemplo, contra todos esos oligarcas próximos a Putin que tienen importantes propiedades en Occidente, adonde envían además a estudiar a sus hijos.

Las sanciones deberían ser muy específicas, afectar en lo que más pudiera doler a los oligarcas como son sus intereses financieros, sus patrimonios inmobiliarios o la libertad de movimientos, de modo que no pudieran trasladarse cuando les apetezca a sus propiedades en Londres o en la Costa Azul francesa o disfrutar de sus lujosos yates en el Mediterráneo.

En cualquier caso, hay quien, como el presidente del Instituto de la Economía Mundial de Kiel (Alemania), Gabriel Febelmayr, se muestra escéptico sobre el eventual impacto de las sanciones y argumenta que éstas sólo pueden obligar a cambiar de comportamiento a un país pequeño, lo que no es el caso de Rusia. Para tener éxito, las sanciones a Rusia, argumenta, deberían ser además mucho más ambiciosas e incluir otras materias primas como el paladio y el platino.

De no terminarse el Nord Stream 2, las empresas participantes en el proyecto exigirán sin duda multimillonarias indemnizaciones, y al mismo tiempo se resentirá la credibilidad de Alemania como socio, lo que puede parecerles a algunos un coste demasiado elevado. Mientras tanto, dispuesto a ejercer la máxima presión sobre los europeos, Washington ha amenazado a las empresas, como es su estilo, con "sanciones extraterritoriales". Difícil, pues, prever cómo acabará todo.

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