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Lo esencial es ahora visible a sus ojos

Comienza el curso escolar después de elaborar numerosos planes de contingencia y protocolos para recibir a miles de alumnos en toda Canarias. Esfuerzo y entusiasmo por parte del profesorado y los equipos directivos para maximizar la seguridad en nuestros centros. Atrás quedan 6 largos meses en los que nuestros niños no han mantenido contacto con las aulas. Llegó el día esperado…los pasillos de los centros se llenan de risas, algarabía, bullicio y vida. Los niños acuden con mascarilla en boca pero también con una enorme ilusión que se refleja en sus miradas. La mayoría comenta que “deseaba volver al cole para ver a sus amigos y para no seguir aburriéndose en casa”. Está claro que la escuela no deja de ser otro hogar para muchos de los alumnos. Hogar donde se sienten vistos, se sienten acompañados y desarrollan la mayor parte de sus competencias.

No deja de impactarme la capacidad de adaptación de nuestros niños. En tan solo unas pocas horas se acomodan a llevar la mascarilla, se adaptan a no tocar a sus compañeros y a seguir unas normas totalmente contrarias a su forma natural de funcionamiento.

Toca hablar, es hora de poner el termómetro emocional a los alumnos…momento que personalmente recuerdo con la piel de gallina. Esperaba un torbellino de emociones sin gestionar adecuadamente. Sin embargo, los niños con una serenidad asombrosa comentan lo vivido durante el confinamiento, comentan que es necesario el uso de la mascarilla, el lavado de manos y respetar todas las recomendaciones para evitar contagios entre sus mayores. Explican e interpretan el proceder de algunos jóvenes que se han saltado las normas y los acusan de irresponsables. Atónita, observo con admiración como niños de apenas 10 años presentan una coherencia y una conciencia social sorprendente. Durante estos primeros días hemos compartido vivencias, experiencias, sentimientos…Sin duda llego a la conclusión que la pandemia ha hecho a estos niños más fuertes, más sabios y les ha puesto de frente lo verdaderamente esencial. Estos días no solo han abierto las escuelas, los niños han abierto sus corazones al mundo para decir que ellos tienen mucho que aportar y que ellos sí han aprendido la lección más importante de sus vidas: han aprendido a colaborar en casa, a escuchar a sus familias, a cuidar de sus hermanos, a compartir, a entender que cuidándose ellos, cuidan de los otros. Hoy, puedo decir emocionada que nuestros niños ahora son mucho más responsables, solidarios, empáticos y sensibles.

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