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Alonso Quesada y la llegada del nuevo obispo

Julio Sánchez Rodríguez

Julio Sánchez Rodríguez

Por supuesto que no me refiero a la llegada de don José Mazuelos Pérez, nuevo obispo de Canarias, que tomará posesión el próximo día 2 de octubre. Tenemos que remontarnos a los años veinte del sigo XX, casi un siglo atrás. El 14 de diciembre de 1922 fue nombrado obispo de Canarias, en sustitución de don Ángel Marquina, don Miguel Serra y Sucarrats, natural de Olot (Gerona) y magistral de la catedral de Tarragona. Fue consagrado en Olot el 9 de octubre de 1923. Llegó al Puerto de la Luz el 22 de noviembre de 1923 y entró en la catedral el día 24.

Nuestro gran escritor en prosa y poesía Alonso Quesada, seudónimo de Rafael Romero Quesada, nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1886 y fallecido en 1925, a los 39 años de edad, escribió el 21 de noviembre de 1923 una crónica, en la que hacía alusión a sus amigos los canónigos y a la llegada del nuevo obispo, que por su ingeniosa ironía transcribo.

Limpieza inaudita

“Ayer ha sido sorprendida la cotidiana paz de esta villa con un rumor estrepitoso de mangueras. El barrio de Vegueta silencioso y pacífico estaba ayer erizado y frío. ¿Qué ocurrió? Pues que nuestros amigos los canónigos fregaban por primera vez en su vida la falda de la Catedral.

Decimos la falda porque la manguera no alcanzaba más allá de la cornisa de los arcos centrales. Hoy ha amanecido esta falda limpia y el resto más sucio, porque el brillar de lo limpio hacía resaltar lo sucio. A la ciudad le ha gustado esta limpieza, pero los canónigos están regocijados. El polvo venía a ser para ellos como un remordimiento.

¿Qué razón ha habido para esta limpieza enérgica? ¿Dentro se habrá limpiado también la Basílica? ¿Y los roquetes de los monaguillos se habrán sustituido? – Esta actividad de nuestros amigos es una cosa extraordinaria. ¿A qué obedece?

A un señor Obispo. Ese Obispo va a llegar. Los canónigos quieren despistar al señor Obispo. Cuando tengan que adornar la Basílica, ya el señor Obispo estará acostumbrado a los señores canónigos y no le extrañará las cosas cicateras. Si el señor Obispo llega a venir la víspera de San Pedro Mártir, hubiera sido un conflicto tremendo para los señores canónigos. ¿Qué iba a hacer con los cabos de vela que sobran del año pasado?

La limpieza de la Catedral es un acontecimiento. Por eso queremos dejarla anotada en este dietario nuestro. Hoy, al ver tan brillante la cantería hemos dirigido la vista a los ventanales verdes de la torre del ascensor. Estaban tupidos de polvo. ¿Serán lavados también estos cristales o el señor Obispo no podrá verlos? Probablemente, el señor Obispo, como corresponde a todo buen Obispo, dirigirá su mirada a lo alto y se encontrará con esos cristales. ¿Qué dirán los canónigos entonces?

¿Qué más han limpiado? ¿Entrarán en este orden de limpieza las sotanas verdosas de algunos beneficiados? ¿Qué hará el señor Obispo ante este prado ameno que son estas sotanas por la parte del cogote? ¿Creerá el señor Obispo que los corderos de su grey pastan sobre estas sotanas?

¡Oh, amigos canónigos! ¡Oh, limpieza inusitada! ¿Cuánto tiempo estará rigiendo esta Diócesis el señor Obispo? ¿Diez años? ¿Quince años? ¿Veinte años?

La Catedral volverá a ser limpiada dentro de veinte años. Cuando venga un nuevo señor Obispo”. (Bibliografía: “Nuevas Crónicas: 1921-1924”).

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