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Manolo Ojeda

Cartas a Gregorio

Manolo Ojeda

De color púrpura

Querido amigo; decían que aquella mañana amaneció cubierta de un rocío de color púrpura, y a medida que se iba aclarando el día, las calles, los edificios, los coches y la gente se iban tiñendo de ese color violeta, de modo que no había nada que fuera de otro color.

La gente estaba alarmada y nadie se atrevía a salir a la calle por miedo a lo que estaba pasando. En las televisiones se hablaba de un fenómeno desconocido y decían que podía ser una pandemia producida por el cambio climático o que también podría tratarse de un ataque alienígena.

Los gobiernos pasaron inmediatamente a la acción y, como primera medida, decidieron que toda la población debía mantenerse en confinamiento.

Al parecer, el fenómeno había comenzado en los países asiáticos, a los que acusaban de no haber avisado a tiempo y hasta llegaron a decir que eran ellos mismos los que habían creado el virus con la intención de enriquecerse por medio de la venta de una posible vacuna.

Los hospitales estaban desbordados y empezaron a informar de miles de muertos, todos víctimas de esta nueva y desconocida enfermedad que llamaron púrpura virus.

La pandemia se extendió rápidamente por todo el mundo y ya nadie hablaba de otra cosa. En la mayoría de los países empezaron a trabajar en una vacuna que pudiese, a medio o a largo plazo, acabar con la terrible enfermedad.

Pasaron luego semanas, meses y años, pero todos los intentos fracasaron. Los medios de información fueron eliminando la noticia de las primeras páginas y la población se fue acostumbrando a vivir y convivir con ese color y en esas condiciones.

Han pasado de aquello muchos años, tantos que hasta algunos piensan que nunca ocurrió, porque, como sabemos, el color púrpura ha sido siempre el color natural de todas y cada una de las cosas de este planeta…

Volviendo ahora del futuro, Gregorio, habrá que pensar que, como los dinosaurios, también nosotros nos extinguiremos algún día, y que esta no es la primera vez que vemos como todo se puede ir al carajo. La última fue hace solo setenta y cinco años cuando ya se pensaba que la Segunda Guerra Mundial no iba a dejar títere con cabeza, y a punto estuvimos de conseguirlo con la bomba atómica.

Esto de la covid19 es solo un capítulo más, así que, estamos condenados a desaparecer junto a nuestros Cristos o nuestros Alás seamos o no creyentes.

Mientras tanto, no pretendamos arreglar el mundo, que bastante tiene ya cada uno con intentar arreglar el suyo, aunque solo sea para poder ir escapando.

Si no sabemos cómo llegó la pandemia, difícilmente vamos a poder saber lo que hay que hacer para que se vaya, pero está claro que no todo se debe a la aparición de un pequeño microbio sino, sobre todo, al desequilibrio que con nuestro comportamiento hemos estado creando en la naturaleza.

Cuídate mucho, amigo, y hasta el martes que viene.

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