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Alfonso González Jerez

Retiro lo escrito

Alfonso González Jerez

Ahora o nunca

Román Rodríguez, antes que un político profesional es, profesionalmente, un optimista. En realidad el político está obligado a ser optimista, porque supuestamente su actividad consiste en ofrecer proyectos y aunar voluntades en beneficio de la sociedad. Un político pesimista es una contradicción en sí mismo. Como mucho el político puede carecer de entusiasmo. Gulio Andreotti, más de medio siglo en las praderas del poder italiano, entre Dios todopoderoso y el crimen, no se entusiasmó jamás. Incluso es difícil encontrar fotografías en los que se le vea sonriendo. Mariano Rajoy tampoco alzaba la voz si no era para pedir el Marca. En Canarias recuerdo a Antonio Castro Cordobez, tan incombustible como hierático, que invariablemente respondía cuando se le preguntaba por cualquier cosa: una ley, una inversión pública, el destino del plátano canario en la UE o la situación en su partido:

--Bueno, vamos viendo, si eso vamos viendo, veremos a ver…

Castro Cordobez era el único líder que a mediados de los años noventa se dirigía en un acto congresual a los dirigentes de su partido –API—como a los socios de una compañía de seguros.

--Señoras y señores, buenos días y bienvenidos a aquí…a este hotel… Para empezar por el principio, si me lo permiten ustedes, la unidad es lo primero…

Para Sánchez todos los votos son interesantes, pero el de Nueva Canarias, como el de Coalición, no resulta imprescindible

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El vicepresidente y consejero de Hacienda y Asuntos Europeos del Gobierno autonómico está convencido que en el proyecto de los presupuestos generales de Pedro Sánchez para 2021 Canarias verá cumplida todas sus expectativas gracias al acuerdo fraguado entre el PSOE y Nueva Canarias. Por supuesto, se trata de una pequeña enormidad: para Sánchez todos los votos son interesantes, pero el de Nueva Canarias, como el de Coalición, no resulta imprescindible. A los nacionalistas canarios les interesa que se desmorone la mayoría que hizo posible la moción de censura contra Mariano Rajoy y, más en concreto, la salida de ERC de la ecuación.

Los socialistas se verían obligados a contar, para sumar votos a los aportados por Ciudadanos, con las pequeñas fuerzas nacionalistas y regionalistas en la Cámara Baja que, en ese caso, podrían obtener más rentabilidad a sus escaños. Después de la decisión del Tribunal Supremo, que ha refrendado la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, inhabilitando al dicharachero president Quim Torra, es muy poco probable que Esquerra Republicana se atreva a respaldar los presupuestos de Sánchez para el próximo ejercicio. Por mucha o poca prisa que se meta a la tramitación de los indultos de los dirigentes políticos del procés condenados por el Supremo y en prisión quienes, por cierto, en su mayoría en insistido en su voluntad de delinquir de nuevo en cuento tengan una oportunidad para hacerlo. Es poco más o menos como indultar un asesino que hubiera anunciado, incluso en medios de comunicación, que se pondría cortar pescuezos en cuanto tengan la amabilidad de ponerlo en la calle.

Sería el momento –con el país destrozado por la peor crisis social y económica desde la posguerra civil – en el que CC y NC presentaran públicamente una plataforma unitaria de reivindicaciones y exigencias al PSOE a cambio de su apoyo a unas cuentas estatales cuyo diseño, al parecer, ha estado sometido a la tensión entre los socialistas y UP. Si no es ahora, al borde de una crisis existencia, ¿cuándo lo van a hacer? ¿Qué Canarias podrá defenderse si se convierte en una comunidad autónoma inviable y arruinada para la próxima generación?

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