Suscríbete desde 1,50 €/mes

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

‘Patria’ como acompañante

El accidentado estreno (ya de por sí sospechoso) de la serie 'Patria' por una cartelería muy dramatizada y por una acusación a deshora de plagio de la novela no sirvió para crear un auténtico fenómeno televisivo.

La audiencia no le dio para estar entre los 15 programas más vistos en horario nocturno, quedándose en 1.462.000 espectadores, un pinchazo frente al frenesí de los masterchef o las infidelidades de las ínsula de las tentaciones. Ya en 2017, en una entrevista, Fernando Aramburu comparaba la despreocupación por las décadas del terrorismo de ETA con el bajo impacto social (no político) que tuvo la pérdida de las colonias en el 98. “No tengo ni idea, pero no se trata de una actitud nueva. La historiografía nos ha contado que España perdió sus últimas colonias en 1898 y a la gente, en el país, no se le despeinó una ceja. Pongo en duda que se trate de desinterés. Creo que es algo peor: un bajo índice de lectura, un corto horizonte de intereses, una desviación de la curiosidad hacia temas meteorológicos, deportivos y de páginas de sucesos”, afirmaba.

Pero con esa carpintería de preferencias como punto de partida, siempre desalentador, Patria ha tenido un arranque creíble, con unas interpretaciones (las dos protagonistas femeninas) que transmite la atmósfera de la vida bajo ETA, su filtración pavorosa en la normalidad familiar a través del pressing del impuesto revolucionario y la caída de un hijo en las garras de la militancia. Ambas zonas, víctimas y victimarios, quedan perfectamente delimitadas desde el principio en un barrio al que vuelve la mujer que perdió al marido, decidida a buscar la verdad tras anunciarse el fin de las armas. Su llegada pone en tensión a los otros, que observan la novedad con disgusto, e incluso le hacen llegar el mensaje de que se vaya y no vuelva más.

La serie 'Patria' podría ser un buen antídoto para establecer distancias con los fanatismos que acaban destrozando vidas y países, pero también constituye una lección para que ciertos políticos españoles abandonen de una vez por todas su deseo por el dirigismo, manipulando las aspiraciones de los votantes hasta el hastió, dando lecciones un día sí y otro no de su capacidad para el maquiavelismo más vulgar sin importarles ni la vida de las personas. 'Patria' debe ser un buen acompañante para tener una referencia infernal de los ideales que no dejan nada a su paso. Y aún más: una llamada al diálogo, cuya extinción acabara por dejarnos sin aliento.

Para continuar leyendo, suscríbete al acceso de contenidos web

¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión aquí

Y para los que quieren más, nuestras otras opciones de suscripción

Compartir el artículo

stats