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Javier Durán

Javier Durán

Periodista

Insoportable país

Hay colegas que ya se han hecho eco desde su hojas volanderas (impresas y digitales) de la grave dicotomía sobre la que se dirime en este país: ¿moriremos bajo el virus natural, o moriremos bajo los latigazos de la pandemia de la política? Corremos el riesgo de que biólogos, epidemiólogos, bacteriólogos, psicólogos, geriatras, internistas y demás acaben aplastados por correvediles de partidos, jueces justicieros y por un frente especulativo/ocioso que va desde Villarejo a la monarquía pasando por el caso Dina y Corinna, hasta la conexión del cenáculo de La Toja con el emérito, por poner algunos mojones en el laberinto. Sí, nos encontramos en un tris de perder realmente la raíz de nuestra preocupación vital: salvarnos de la Covid-19.

Los españoles, y los canarios mucho menos, no somos insoportables, tenemos -demostrado históricamente- un aguante superior al sufrimiento que deja en un pueblo una erupción volcánica. Pero ahora acudo a analistas, doctores, semiólogos, semióticos y catedráticos para que nos digan si ha existido una clase política tan miserable como la que nos gobierna. Deberíamos estar atentos e hipnotizados con los progresos de la ciencia contra la peste que nos enferma y que nos manda para el otro mundo, pero por desgracia tenemos que ocuparnos de sentencias antimontesquieu, larvas corruptas, excrecencias monárquicas, cargos públicos de niños bien, gobernantes retorcidos, banqueros condenados y liberados, alcaldesas sibilinas contra el mundo, jarrones chinos inquietos, independentistas catalanes insaciables, un presidente que se le va la olla con el Himno de la Alegría... No, nos merecemos este torrente de lava que nos amenaza y que desea achicharrarnos, incluso hasta sentados en el retrete, en una parodia de los pobres pompeyanos. Levantemos la cabeza y en ruego laico (no masón) pidamos en un doble sentido: adiós a la pandemia, pero también a los representantes públicos que se han empeñado en hacernos la vida insoportable. ¡Por favor, tanto les cuesta firmar una tregua!

Quizás han perdido la cabeza, embrutecidos y dispuestos, como ocurre en todas las pestes, a saquear el sentido común, a exterminar el magisterio del comportamiento cívico. Ellos serán los culpables del secarral que nos quedará una vez que la ciencia voluntariosa acabe por sacarnos de la III Guerra Mundial. Y es que esta jauría de descerebrados aún no se ha dado cuenta donde andamos metidos. Acabarán por hacernos olvidar el bicho, pese a que mata sin piedad.

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