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Ángel Tristán Pimienta

Cuántas tonterías se dicen en nombre de la Constitución

Andan los espíritus nobles, altruistas y solidarios, las almas cándidas y espirituales, a veces espirituosas, las personas buenas y generosas hasta el punto de cocción de una ONG para covideos… en verdadero estado de alarma ante la pretensión del gobierno sanchista de cambiar la Ley – que no la Constitución, que nada dice de números, algoritmos ni logaritmos ni fórmulas- para cambiar la mayoría necesaria para renovar el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ de aquí en adelante).

¿No oyen cómo la derecha experta en bloquismo plañe y se rasga las vestiduras?, ¿no ven cómo lloran lágrimas de cocodrilo o cocodrila hambriento o hambrienta? Parecería una tragedia nacional si no fuera solamente una mala comedia de teatro de barrio. La prensa amiga enseguida teoriza sobre la cuestión: es una intentona anti-constitucional que rompe las reglas del juego.

El PP mueve sus tentáculos en Bruselas, cuando la UE está asustada por el revival extremista y antisistema y sin saber bien qué hacer, excepto amonestar y amagar con represalias por la deriva autoritaria de Hungría y Polonia, en este orden, que tratan de despojar a los jueces de toda su independencia. Las advertencias de represalias no han pasado de las palabras a la acción. Autoridades europeas han criticado cualquier medida que socave el estatus de los jueces en una democracia.

Y eso es muy lógico y natural. Es más: es obligado. El ABC, que ya ha olvidado los tiempos idos y el Dragon Rapide destaca por la contundencia de sus argumentos y por sus titulares: “Primera advertencia de Bruselas al Gobierno: los “Estados deben garantizar la independencia judicial”. Y siendo esto una gran verdad en la que todos los demócratas españoles y del universo mundo, sean de derechas, de izquierdas, de centro metafísico o de lo que sea tienen que estar de acuerdo, no es menos cierto que la iniciativa de Pedro Sánchez no va de esto, aunque el camino elegido, “a la ley por la ley”, que diría el asturiano Torcuato Fernández Miranda, puede, y debe, mejorarse.

Es importante en política luchar contra el falso alzheimer. Esta propuesta gubernamental toma causa de una persistente actitud de desacato constitucional del PP, y en especial de Pablo Casado, que se ha negado a negociar la imperativa renovación que exige la Constitución del CGPJ, con argumentos infantiles, de barra de bar o sencillamente tramposos. Así este órgano lleva dos años de prórroga, o sea, en funciones, una “grave anomalía” que el propio Carlos Lesmes, presidente del TS y del CGPJ criticó ante el Rey, el 7 de septiembre en su discurso en la apertura del año judicial, llamando a los partidos a resolver el bloqueo.

La grave anomalía del cerrojazo popular no es nada relacionado con el buenismo y el bien de España y los españoles, incluidas sus mascotas. La exigencia de los tres quintos de la Cámara pone en manos de Casado la llave; y Casado ha optado por mantener artificialmente una mayoría que ya no le corresponde. En una ocasión el acuerdo ha estado a punto; pero poderes difusos han forzado el mantenimiento de la famosa anomalía. Hay muchos problemas judiciales en los juzgados, muchas causas de gran importancia y repercusiones, y Génova 13 no quiere dar la menor oportunidad a la independencia judicial. Por la puerta de delante, o como reconocía en un grupo de wasap un imprudente senador pepero, controlando el TS por la de atrás. Nadie llevó entonces el problema a Bruselas. Visto lo visto: mal hecho.

La reacción del Gobierno ante un bloqueo que violenta la Constitución, en cuyo nombre, como en el de la libertad (inolvidables las palabras a pie de la horca de Madame Roland) se cometen tantos crímenes, tantas tropelías y tantos deshonores, ha sido anunciar que otra ley rebajará la mayoría exigida; quizás en vez de tres quintos, dos tercios… ¿Es para tanto histérico alboroto o es que hay algo más que un dolor constitucional?

La última sentencia sobre la Gürtel que ratifica la condena de la AN al PP por lucro indebido etc. podría ser una buena pista. Poirot se atusaría los bigotes con una sonrisa perversa.

Dos asociaciones judiciales, la conservadora APM, y la centrista, Francisco de Vitoria, exigen la retirada del proyecto y santas pascuas aleluya, que siga pues la grave anomalía si es voluntad de Dios, quien no ha dicho ni pio. Ya se sabe lo que decía el cardenal Tettamanzi: “Hablar con Dios se llama orar; escuchar a Dios se llama esquizofrenia”. La progresista Jueces por la Democracia propone una manera muy interesante de romper el nudo gordiano: mantener los 3/5 pero acotar las funciones de los magistrados del CGPJ en la prórroga, por ejemplo, suspendiendo nombramientos, etc. Y si a eso se le sumara una paralela reducción del sueldo, papa habemus o habríamos en 24 horas.

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