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Martín Alonso

La juventud y las excusas

Entre las especies que pululan por la fauna del fútbol grancanario hay una que se define más por una afirmación que por sus habilidades sobre el terreno de juego: “Yo jugué en filiales”. En cada conversación futbolera, en cada pachanga, en cada torneo de barrio o en cada pretemporada con el equipo de base siempre aparecía alguien que entonaba esa declaración de intenciones para poner en aviso sobre su supuesta superioridad con la pelota. Luego, la realidad solía revelar un drama: a un paquetazo en acción.

El fin de semana pasado, sin embargo, me preocupé por esa especie tan popular en el fútbol grancanario. Sospecho, incluso, que debe estar en peligro de extinción. Y llego a esa conclusión por una vía objetiva, no por una simple conjetura. Así lo creo cuando repaso las últimas alineaciones de Juan Manuel Rodríguez en Las Palmas Atlético. El domingo, ante el Sanluqueño, dispuso un once titular con siete futbolistas procedentes de la Península y sólo dos grancanarios –lo completó con futbolistas de otras islas–.

No tengo nada en contra del jugador formado fuera, válgame dios, pero ante este paisaje sólo me quedan dos salidas para entender la realidad: o el futbolista de base grancanario ha pegado un bajón considerable o el departamento de formación y captación de la UD anda despistado a la hora de reclutar jugadores en la Isla. Con todo, pese al mosqueo que generan, esas dos opciones siempre serán mejor que sospechar que hay un interés económico para dar forma a esa curiosa tendencia para el filial amarillo. ¿O no, Manuel Rodríguez? (lo siento, Tonono solo hay uno)

Como esta Unión Deportiva vive en la contradicción, frente a la última alineación de Juan Manuel Rodríguez con el filial, el miércoles, en el Carlos Belmonte de Albacete, Pepe Mel colocó a ocho canarios el once titular de Las Palmas. Rascó un empate. En un partido de fútbol profesional. Y, en ese contexto de ruina económica, se le ve feliz por tener que tirar de gente con poca experiencia. No encuentra en la juventud una excusa para justificar una derrota. Esa es la diferencia entre un entrenador y un tribunero.

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