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El despertador

Nos preparan para el futuro

Confieso que ya no me gusta este mundo. Si no puedo disfrutarlo y vivirlo en libertad, con plena autonomía, responsabilidad, ecuanimidad y sin miedo, ¿de qué me sirve?, ¿para qué me sirve este mundo de hoy? Este mundo ya no es el que era. Ha dejado de ser para siempre aquel mundo de vida que conocí, el mundo de las vivencias vivificadoras que armaban la estructura mental y gozosa de mis días y mis noches, y que dando sentido real a mi existencia me permitían experimentarlo.

Desde la declaración mundial de la pandemia desconozco ese mundo antiguo en el que nací. Ahora es otro, muy distinto, nuevo, cada vez más encorsetado, más reglado, más prohibitivo, mucho más deshumanizado, mucho más intolerante e intolerable; más seco, menos verde, más automatizado; más policial; menos maduro, y sobre todo mucho más enfermo.

En el mundo que ahora vivimos está cuajando desde hace ya una generación cuántica y morfológica avanzada otra especie humana distinta, con otra mentalidad, con otros hábitos, con otras necesidades. Tanto, que lo viejo se considera inservible y caducado. Sobre todo para los decisores. Es por eso que en los últimos meses han muerto tantos. Por eso en adelante morirán tantos. Se les considera amortizados. Son los primeros de la lista en la fase actual de desclasificación y reclasificación. Después de ellos vendrán los otros seres improductivos de nuestro entorno, sean quienes sean y el lugar que ocupen en el escalón gradual de la nueva sociedad.

El Nuevo Orden Mundial es una prioridad. Ya está aquí. Ha dejado de ser una proyección mental, cultural y académica. Se la considera una realidad urgente por quienes piensan y deciden la estructuración reservaría del planeta como finca particular. Desde la declaración oficial de la pandemia, el asustador y peligroso NOM es una decidida puesta en práctica de la reinterpretación económica y social transfronteriza y global, que está reestructurando y adaptando todo el presente a su particularizada perspectiva de futuro.

Las denodadas prisas que se confiesan avances por llegar a otros mundos vivibles no tienen más finalidad que intentar alargar y preservar esta nueva vida distinta que estamos aprendiendo a sistematizar y homogeneizar, en permanente necesidad de poner freno a la viciada degeneración de la especie urbanita y su modus vivendi. El planeta, como la vida, como las estrellas, es de existencia finita. Sus reservas son finitas. Su oxigenación y potabilidad son finitas. Y el límite está agotado. El crédito suspendido.

Quienes se nieguen a asumir que la vida ya es otra sufrirán el tormento existencial de ser rebaño y la dolorosa pena de no volver a ser distintos. La ceguera mental no es impedimento para comprobar que primero fue el confinamiento. Después la mascarilla. Ahora el toque de queda. Después vendrán otras lecciones para aprender a vivir en el futuro, como las prohibiciones, los racionamientos… El fenómeno migratorio es un claro y alarmante aviso. Los nuevos campos de concentración, alambrados y electrificados, ya no están muy lejos.

P.D.- fidelprensamaspalomas@gmail.com sigue buscando a Céser, para que le hable de las paredes donde encierra su espíritu creador.

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