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Javier Durán

Javier Durán

Periodista

¿Y después de la vacuna?

El monoteísmo que arrasa es la vacuna. La recetas de los grandes clásicos de la economía son sólo la parranda, si se me permite el tono tenderetero, de la carrera a contrarreloj por encontrar la curación, que no es sólo física e inmunizadora, sino también vertebradora de los sectores económicos más descuartizados por la Covid-19. Nada más hay que ver lo sucedido con el anuncio de Pfizer, una inyección de euforia que levantó el alma dañada de los mercados bursátiles, aparte del desahogo que ha supuesto la derrota de Trump.

La mala noticia es que el desalmado republicano seguirá en la Casa Blanca hasta enero con amplios poderes, dispuesto a infringir todas las normas derivadas de una transición cortés. La creación de la vacuna y su eficacia está inmersa en los movimientos geoestratégicos de la política internacional, más que nada como pieza de cacería para vincular poder y triunfo.

De hecho, el presidente despedido acaba de criticar a la farmacéutica por no anunciar sus progresos con el fármaco con él en el Gobierno. Pfizer firmó un contrato millonario con la administración de Trump, pero rechazó cualquier tipo de ayuda pública. El cabreo del derrotado es un aviso a navegantes de que no va a dar facilidades de aquí a 2021, sobre todo por su empeño en sostener que las urnas han sido manipuladas en beneficio de Biden. Frente al escenario del rápido despegue de los indicadores ante un anuncio más que prometedor, ya hay analistas que han advertido que el mundo no volverá a ser igual al que estaba antes de la pandemia. Por lo pronto, perfilan un estado-escoba que tendrá que hacerse cargo de los damnificados de la gran crisis, detrayendo recursos en un contexto de absoluta precariedad recaudatoria. Y la pregunta es: ¿serán capaces estas enormes moles de racionalizar el gasto y eliminar lo superfluo? En el oleaje del coronavirus no se ha visto, en lo que se refiere a este país, un gesto que lleve a pensar en una dieta de adelgazamiento.

Y la otra cuestión para la era postvacuna no es otra que revertir la precariedad del sistema sanitario público, que ha podido improvisar, por lo menos en esta ocasión, una asistencia que ha soportado la presión de los pacientes graves, pero que quizás no pase la prueba del algodón de cara a una dramática segunda oportunidad. Pero hay más: la ciencia y la universidad española están desmanteladas, falta inversión para un capital humano único, cualificado. O sea, que la vacuna curará, pero no del todo.

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