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Elizabeth López Caballero

El lápiz de la luna

Elizabeth López Caballero

Dar sin juzgar

El otro día estaba en una de las terrazas que hay por la zona en la que vivo tomándome un café y disfrutando del sol mañanero de octubre, cuando pasó varias veces por allí pidiendo dinero un muchacho que frecuenta la plazoleta. El chico sudaba, le temblaban las manos y llevaba la desesperación colgándole de la mirada. Tenía el mono y estaba sufriendo. Se acercó a una señora y le dijo: “Por favor, me deja un euro para comprarme una botella de agua, le juro que no es para droga, la estoy dejando”. La mujer le ignoró. Se repitió la misma escena con varias personas que tuvieron la misma reacción hasta que otra señora sacó un euro del monedero y con el tesoro bien agarrado entre el dedo índice y el pulgar le dijo: “Toma el euro pero no te lo gastes en droga”. El muchacho le dio las gracias y le prometió que no, ansioso por sentir el canto de la moneda caer en la palma de su mano. Pero la señora aún tenía cosas que decir: “Mira que es mi dinero y no quiero que te lo gastes en droga”. “Que yo dinero para droga no doy”. Y así no sé cuántas cosas más. Sentí, si de alguna forma se puede sentir, las ganas de llorar del chico. “Joder”, pensé, “dele el bendito euro y deje que se lo gaste en lo que le dé la gana o no se lo dé, pero no siga con la cantaleta”. Quizá el hombre sí tenía sed, es un síntoma evidente del mono e incluso del proceso de desintoxicación, y solo quería agua. Tal vez lo quisiera para comprar una papela y darle tregua a su sufrimiento, ¿había necesidad de humillarlo tanto? ¿Ser presa de una adicción no es suficiente humillación? Cuando uno decide darle dinero a alguien que nos lo pide, desde el momento en el que aceptamos ayudarle, ese dinero deja de ser nuestro. Por tanto, no tenemos derecho de juzgar en qué se lo va a gastar la otra persona, porque, igual que cada uno de nosotros es libre de querer ayudar o no al prójimo, el otro también lo es de usar esa donación para lo que desee. “Es que así contribuyo a que se sigan drogando”, he escuchado alguna vez. “Si es para comida sí pero para droga no”. Podemos elegir en qué invertir nuestra buena voluntad pero, sinceramente, si uno le ayuda a lo mejor evitamos que, desesperados, roben con violencia. La heroína es una enfermedad muy dura y muy cruel y estoy segura de que quien es esclavo de ella daría lo que fuera por salir de ese infierno, pero también es bien sabido que es una de las drogas más difíciles de dejar. Seamos un poco más empáticos y hagamos gala del refrán: “Haz el bien y no mires a quién”, e incluso podemos añadir: “Haz el bien y no mires para qué”.

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