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Alfonso González Jerez

Muerto a muerto

Lo gracioso, lo realmente gracioso de la última intervención de Carolina Darias a propósito de la crisis migratoria es eso de que “otros compañeros (supuestamente hablaba de otros ministros) se han referido a fechas, yo solo diré que la situación comenzará a resolverse muy pronto”.

No, en absoluto, señora Darias. Ninguno de sus compañeros que han ido a practicar el voyeurismo de la miseria en Arguineguín ha fijado fecha alguna. Como usted, Escrivá o Grande-Marlaska han aludido a vagos periodos como “muy pronto”, “en cuestión de semanas” o “en muy pocos meses”. Ni siquiera eso, excelentísima, ha conseguido. Lo único que la diferencia de sus colegas es que usted es grancanaria y canaria, lo que no ha sido suficiente para avergonzarla por la catástrofe que ha urdido el Gobierno del que forma parte. Quizás no existe nada por la que admirarla positivamente –su paso por las distintas responsabilidades que ha ostentado ha sido entre anecdótico e insignificante– pero es imposible no maravillarse ante el cuajo que está evidenciando en esta dramática situación. Ayer llegaron 14 cayucos a las costas Canarias, un total de 540 personas, y casi 2.000, entre ellas 33 menores de edad, durmieron en el muelle de Arguineguín.

El plan extraordinario que la señora Darias ha anunciado para enfrentarse a la crisis migratoria se basa en el “incremento de la vigilancia” en los países de origen y en “potenciar las repatriaciones” de los que lleguen. No se diga que el documento no está cargado de inteligencia analítica y precisión procedimental. Lo más repugnante del discurso del Gobierno español es que se ajusta perfectamente al programa de la Europa Fortaleza que ha explicitado recientemente la Unión Europea, solo que en plan chapuza y entrecortado por suspiros de conmiseración. Ahora van a movilizar a policías y guardias civiles en varios países africanos y ha solicitado la plena operatividad del Frontex en las proximidades del archipiélago, del que recuerdo escuchar a algún diputado socialista, hace pocos meses, que funcionaba perfectamente. Por enésima vez se insiste en las instalaciones que cederá o ha cedido (vete tú a saber) el Ministerio de Defensa para alojar transitoriamente a los inmigrantes en Gran Canaria y Tenerife. Llevan meses y meses rehabilitando los acuartelamientos como parques temáticos de la solidaridad europea, probablemente bajo la dirección de Norman Foster.

Y algo importante por su hipócrita ausencia en la prodigiosa estrategia española: no habrá derivaciones. Canarias queda sacramentada como frontera sur de la UE, parapeto y trinchera donde se juega la cohesión europea, el futuro del feliz subempleo que se nos promete en el horizonte poscovid y nuestra suscripción eterna a Neflix. Aquí, en viejos cuarteles que ofrecerán como prodigios de la generosidad mantas, agua potable y retretes, deberán esperar a que se les deporte para regresar a sus infiernos personales y colectivos mientras los ministros enjugan una lágrima, cientos de africanos mueren ahogados o deshidratados en el océano y se va cebando, en una sociedad que ya es una larga cola de amargura y desesperanza frente a un banco de alimentos, la alimaña asquerosa de la xenofobia y el racismo.

Y todo eso lo están construyendo ustedes. Los comisarios y los técnicos de la eurocracia amurallada, los pedrosanchez y las carolinadarias, los grandes consorcios europeos o chinos que explotan las riquezas mineras o pesqueras de África. Lo están construyendo con sus propias manos titiriteras, día a día, muerto a muerto.

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