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Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

Guaguas de migrantes

El Estado tiene un grave problema con Canarias, a la que pone en un callejón sin salida con la migración incontrolada; el Archipiélago teme convertirse en la Lampedusa atlántica; las patronales turísticas ven un deterioro imparable de la imagen de las Islas como consecuencia de la utilización de hoteles y apartamentos como alojamientos; los operadores judiciales observan como se conculcan los derechos internacionales... Pero así y todo vamos a divertirnos un poco con actos de impacto donde el Gobierno de la nación y el Ayuntamiento de Mogán marcan su territorio como si fuesen perros meando en una esquina. La ausencia de explicación -se dice que se ha abierto una investigación- sobre quién y cómo se decidió poner en suelo liberado -fuera del muelle de Arguineguín- a 227 migrantes desarbolados, sin manutención y cobijo alguno, refleja claramente el caos que hay en la gestión de la Delegación del Gobierno. La tardanza en ofrecer una versión asfixia de oscuridades la tutela de los acogidos, que por una orden enigmática pasaron a ser de pronto desamparados. Una actuación que sospechosamente se articula tras censurar el presidente Torres la afirmación de Marlaska, en el sentido de que ningún migrante está más de 72 horas en Arguineguín. Si quieres caldo toma dos tazas: ahí tienes la prueba. Pero queda la otra parte, una política pero que muy muy humanitaria de Onalia Bueno, alcaldesa de Mogán, que en defensa de su territorio y de su gente coge varias guaguas, mete a los despistados migrantes dentro y se los envía a la puerta de la casa de Anselmo Pestana. ¿Xenofobia? No, para nada. En la Plaza de La Feria, junto a la escultura de Galdós, son más visibles, aunque no tengan nada que echarse a la boca ni tampoco una gota de agua. Expresar los bajorrelieves del desastre era la intención, tanto que algunos jóvenes y miembros de ONG se acercaron a poner los medios que precisamente la alcaldesa no quería que tuvieran para que el bodegón fuese completo. Estoy de acuerdo con el semiótico Jorge Lozano cuando titula uno de sus artículos “¡qué poca vergüenza!”, exclamación de la que me apropio para referirme a la carencia de pulcritud humanitaria en el tratamiento a los migrantes, pero también a la falta de complejos -recoge la FAES de Aznar en su frontispicio- a la hora de divertirse con las cuestiones que atañen a las vidas de los protagonistas del drama. Urge encargar a la juguetería otro tipo de juguetes.

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