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Alfonso González Jerez

Retiro lo escrito

Alfonso González Jerez

Líderes de fiesta

Una frase admirable del lúcido economista Benito Arruñada preside su twitter: “Vamos a la guerra con líderes que elegimos para irnos de fiesta”. Algunos de los fiesteros – los más listos y emporcados en el cinismo –lo saben perfectamente. Pero otros muchos no. Es espeluznante comprobar una y otra vez la ausencia de cultura política democrática entre los cargos públicos españoles (y canarios). La inmensa mayoría creen que están ahí porque se lo merecen. Y no es así: están ahí no por un merecimiento moral, sino político y legal: porque ganaron unas elecciones o supieron pactar con el ganador para establecer una alianza sobre afinidades programáticas y, en su caso, un gobierno compartido. Y no se trata de una diferencia insignificante. Nadie se merece ser presidente, consejero, director general o diputado. No es una confirmación ética de la bondad de su corazón o de la incuestionable superioridad de su proyecto político. Es fruto de una orientación de los electores: nada menos, pero – votaría por quien lo comprendiese realmente -- también nada más.

Dentro de esta hedionda patología, que afecta a todos los partidos y sensibilidades ideológicas, son particularmente graves los casos de las nuevas hornadas de las izquierdas. Muchos se quejan porque los pibes y pibas de hoy parecen orinarse en valores modernos y progresistas. A los jóvenes políticos de las izquierdas les ocurre lo mismo. Para ellos no existieron Felipe González, Santiago Carrillo, Tierno Galván, a veces siquiera José Luís Rodríguez Zapatero. Su educación política en los valores democráticos, los principios constitucionales, las reglas del juego institucionales y procedimentales en la deliberación pública es más o menos nula. Simplemente tienen todo el derecho a todo, incluyendo, sin mayores molestias, incurrir una y otra vez en el principio de contradicción. En realidad el machihembrado entre sanchismo y podemismo ha estandarizado un modelo juvenalista, revolucionaresco e irresponsable que quiere hacer pasar su jerga – ese adorado ideolecto de la libertad compatible con la cama sin hacer y el analfabetismo desprejuiciado – en lenguaje de Estado, en fuente de derecho, en programa político, en proyecto de liberación individual y colectivo. Si encimas se les da un despacho, presupuesto, coleguitas en los pasillos y 60.000 o 70.000 euros anuales excuso precisar cuáles serán los resultados casi instantáneos.

La secretaria general de Podemos en Canarias, Laura Fuentes, alto cargo del Gobierno autónomo, pidió la tarde del lunes la dimisión de Grande Marlaska, ministro del Interior, por el desastre del muelle de Aguineguín. Algo debió pasar en las horas siguientes, porque el anuncio desapareció de varias webs y cuentas de Facebook y Twitter de militantes y simpatizantes de Podemos, pero la desautorización abierta llegó cuando, desde la dirección federal, se le advirtió claramente a Fuentes: “Entre socios no se pide la dimisión de nadie”. Y lo hicieron con toda razón. Si Podemos pretende continuar gobernando en España, como socio minoritario, con el PSOE, debe asumir que es corresponsable de la acción del Gobierno, órgano colegiado. ¿Qué suponía Fuentes? ¿Qué podía solicitar la dimisión de un ministro en un Gobierno en el que participa Unidas Podemos y que UP sostiene con sus votos en las Cortes? ¿Ignora que si ocupa la Dirección General de Juventud es porque su partido firmó un pacto de gobierno con el PSOE, que ganó ampliamente las elecciones, Nueva Canarias y la ASG? Por supuesto que puede abominar de la gestión migratoria en Canarias de los gobiernos central autonómico. Pero antes de que pedir que dimita Marlaska debes dimitir tú. Seguro que Noemí Santana le manda un ramito de violetas.

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