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José María de Loma

El palique

José María de Loma

Periodista

Un señor en la tele

Debe disparar los audímetros. Miguel Ángel Revilla se pasa la vida en la pequeña pantalla. La pequeña pantalla es ahora en muchos hogares en realidad una gran pantalla, un pantallón, un plasma como un campo de fútbol. Necesitamos ver en grande la irrealidad y las malas noticias. Es la primera vez en la historia que en las casas las televisiones son más grandes que las neveras. Incluso que las camas.

Iba a escribir sobre otro asunto pero tengo la tele puesta de fondo y oigo la verborrea del presidente cántabro, Revilla, sus opiniones, su vida, sus recetas. Revilla es afable y representa a ese hombre de la calle campechano que nunca se ha bajado de un coche oficial. Revilla afirma que no sabe cuándo habrá vacuna. Los entrevistadores se extrañan y yo me extraño de que crean que él puede saberlo. Necesitamos profetas y gurús pero los confundimos con los locuaces. Le tengo cariño a Revilla, sale tanto en la tele que lo considero casi de la familia, como a Ana Blanco o a Jordi Hurtado. Yo un día los juntaría a los tres, moderados por Matías Prats en una mesa redonda sobre longevidad y televisión.

El artículo avanza y Revilla está ahora contándole a Risto Mejide que padeció del riñón de joven, que no tiene nada que ver con Bildu, que estudió Económicas en Bilbao y que sus hermanos optaron por cursar Magisterio, que era más corto y pillaba más cerca. Me quedo con las ganas de saber qué ha desayunado. A lo mejor Revilla le da más audiencia a esta columna, igual que le da audiencia a los programas a los que va. Revilla conecta bien con el país: habla claro y siendo un conservador de toda la vida a veces vota progresista. Su partido ha apoyado investiduras del PSOE y también las ha rechazado. País de Revillas. Si eres de Revilla y malvado eres revillano. El revellismo. La revellidad. Encima escribe libros que se venden como churros. Como televisiones de plasma, mejor dicho.

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