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Alfonso González Jerez

Nueva prioridad

Hasta Gerardo Pisarello ha metido su naricita empática y solidaria: “en Canarias se está incumpliendo el deber de ayudar recogido en los tratados internacionales”. No cito las declaraciones anteriores de Pedro Sánchez porque son perfectamente previsibles: nos asegura que toda España es (atención, es ya) solidaria con Canarias en esta difícil coyuntura. Estas declaraciones (y otras muchas más) siguen idéntica construcción: desactivo mi auténtica responsabilidad ética a favor de una retórica de denuncia que, desde ningún lado en concreto, apela a todas las responsabilidades ajenas. Y de admitir esta construcción argumental ni Grande Maslaska y su Ministerio, ni Gerardo Pisarello y su partido, ni Pedro Sánchez y todo su poder presidencial pueden hacer nada por transformar la realidad, salvo declararse muy solidarios y hasta mañana, si Dios quiere.

Claro que lo mejor es la gastronomía local, con platos como el preparado por Román Rodríguez, vicepresidente y consejero de Hacienda, que se ha referido a un indignante trato cuasicolonial por parte del Gobierno español. “Están creando una frontera ilegal entre Canarias y el continente europeo”, ha dicho Rodríguez. Si un dirigente nacionalista serio considera que su país está siendo tratado como una colonia lo tendría muy fácil. Anunciaría a) la suspensión de cualquier compromiso de Nueva Canarias para votar a favor del Gobierno central hasta que modifique su estrategia de gestión migratoria, y b) poner un plazo para dicha modificación, transcurrido el cual sin respuesta positiva NC abandonaría el Gobierno autonómico y pasaría a una suerte de oposición constructiva. Pero nunca veremos eso. Entre otras razones porque, en ese caso, el señor Rodríguez no volvería pisar de nuevo los despachos del gobierno, y ya tiene 64 años. La misma razón que le hizo abrazar con mayor calidez a Ángel Víctor Torres y al PSOE en la pasada primavera, cuando contempló con resquemor la actitud estrechamente colaborativa de CC con el Gobierno autonómico. Y cualquier aproximación con CC es inimaginable, y no únicamente porque Antonio Morales, presidente del Cabildo de Gran Canaria, y sus más asirocadas huestes, se opondrían a sangre y fuego. No. La única posibilidad de Rodríguez para no quedarse en el escaño y sin llavín es apretar los esfínteres y seguir junto a Torres en lo bueno y en lo malo, en la pobreza y en la riqueza de un presupuesto hipertrofiado, en la salud de Casimiro y en la enfermedad de la covid, hasta que las elecciones los separen.

Con Podemos callado y metido en casa viendo las series de Netflix que recomienda el Amado Líder desde el ukase de Jaume Asens, y los de la ASG tranquilos por el momento, porque aun nadie les ha hablado de meterles marroquíes o negros en La Gomera, el presidente Torres puede confiar en la estabilidad de su Gobierno. Pero el mayor interés político de Canarias, por desgracia, no está en la robustez de la coalición gubernamental, sino impedir que se consolide la estrategia española de convertir el archipiélago en un amable campo concentracionario con literas limpias y raciones nutritivas para miles de migrantes africanos, una versión friendly de Lampedusa, trinchera y prisión simultáneamente de la UE. Impedir esta canallada, perpetrada espaldas de las instituciones canarias y de la propia ciudadanía isleña, es absolutamente prioritario por razones políticas, económicas y éticas: ninguna sociedad próspera con una salud democrática tolerable y una buena imagen de seguridad convive con campamentos donde se hacinan miles de prisioneros. Es una nueva prioridad en la agenda política canaria.

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